Compradores virtuosos y compradores espabilados.

1.-Me encantó un artículo del gestor de fondos Josep Prats el 9 de enero en La Vanguardia, en el que se relata la conversación imaginaria entre un padre que arriesga su dinero en acciones y fondos de inversión (vinculados a la cotización de entidades bancarias) y un avispado hijo que prefiere otros mecanismos. Su título es «Inversores defraudados«.  La cosa empieza con el susto del padre ante la reducción de dividendos en sus acciones y fondos a causa de la devolución que harán los bancos a los hipotecados afectados por las cláusulas suelo. De hecho, según parece, ya se ha ordenado su provisión obligatoria.

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2.-El segundo susto del padre viene cuando el hijo le comunica que tiene una hipoteca sobre un chalet en la playa (con cláusula suelo, por supuesto):

”-No sabía, hijo mío, que tuvieras una hipoteca, con el dinero que ganas y tienes. Mucho más que yo a tu edad.

…-Pues sí, papá. El chalet que me compré en la playa lo financié con una hipoteca. Había que aprovechar los bajos tipos de interés. Podía haberlo pagado al contado, pero era mejor tener el dinero en preferentes, que daban el triple de interés que el que me cobraban por la hipoteca. De hecho, me ha salido redondo. He reclamado y he cobrado los buenos intereses de las preferentes y he recuperado todo el capital, y acabaré pagando muchos menos intereses de los que me comprometí a pagar cuando hice la hipoteca. De algo tenía que servirme la carrera de Derecho y el máster en Finanzas que me pagaste.”

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3.-En conclusión, el hijo va a cobrar gracias a la reclamación por preferentes y por cláusulas suelo, pero el padre va a perder por haberse jugado su dinero a pecho descubierto. Ya se lo dice el muchacho: “Tu eres la banca, una casta de plutócratas usureros cuyo principal propósito es engañar a una multitud de almas cándidas, como yo”.

Pese a las aristas demagógicas del artículo (acompañadas de algún matiz técnico dudoso), se desprenden algunas enseñanzas de este retablo de Mandeville: la nobleza de la apuesta bursátil y la doblez del preferentista o del inversionista en vivienda. Me interesa especialmente este último caso, ya que suele verse al honrado adquirente de su hogar como un dechado de hombre virtuoso que, en su lucha vital (que sólo busca un valor de uso y para el uso), es engañado por múltiples bandidos –sobre todo, los banqueros, claro-, aunque jamás tuvo en su corazón el ánimo de especular, de atesorar un valor de cambio, de ganar. Eso, sin olvidar el aviso del poeta Larkin[1]:

”-¿Qué opina de la señora Thatcher?

-Oh, adoro a la señora Thatcher. Finalmente la política toma sentido para mí, cosa que no pasaba desde Stafford Cripps (por quien también tenía mucha estima). Reconocer que si no tienes el dinero necesario para alguna cosa, no la puedes conseguir…éste es un concepto que desapareció hace años. Estoy encantado de que haya reaparecido. Pero me temo que ella no conseguirá hacer cambiar la actitud de la gente. Me parece que hemos ido demasiado lejos. No sé imaginarme qué le puede pasar a este país.”

         Ah, el crédito, ese misterio…

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[1] Entrevista de Miriam Gross a Philip Larkin, publicada en The Observer (16 de diciembre de 1979, republicada en la obra de Larkin Required writings. Miscellaneous pieces 1955-1982).

Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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