Reflexiones sobre la sentencia de 9 de marzo de 2016 del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sobre los acuerdos relativos al establecimiento y prestación del servicio metropolitano del ciclo integral del agua, con adjudicación de la gestión indirecta a una sociedad de economía mixta (y IV).

1.-Como ha estudiado brillantemente Manuel Guardia (de la Universidad Politécnica de Cataluña), la historia del suministro de agua en Barcelona y su área de influencia ha tenido en el último siglo y medio dos grandes actores. En primer lugar, la Sociedad General de Aguas de Barcelona, que se constituyó en 1881 con el fundamental apoyo financiero de la Societé Lyonnaise des Eaux.  Es cierto que antes habían existido ya algunas compañías relevantes. Por ejemplo, en 1867  nació en Lieja la  Compañía de Aguas de Barcelona, con capital belga y francés. No obstante, todas las sociedades preexistentes fueron incorporadas por la SGAB, que fue fundamental, por ejemplo, en la urbanización del Ensanche.

Un avance espectacular de la citada compañía fue la construcción de la Torre de las Aguas del Tibidabo (en 1905) que permitiría, gracias a un sistema de elevaciones, el suministro de agua a cualquier punto de la ciudad de Barcelona, con independencia de su altura. Este edificio, también con un evidente interés artístico, fue igualmente confiado a Amargós.

El origen francés de SGAB

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2.-No obstante, el municipio de Barcelona era el titular de la mina de agua de Montcada, que alimentaba la Acequia Condal (Rec Comtal).  Su agua era de superior calidad a la que distribuía SGAB, pero tuvo  a menudo problemas de canalización, cantidad y distribución insuficientes. No obstante, es cierto que la estrategia del Ayuntamiento consistió en el intento de reforzarla y en adquirir o expropiar las instalaciones de SGAB, previa municipalización. El objetivo principal era controlar el precio del agua y evitar algunos  defectos en el suministro.

Justo antes de la primera guerra mundial, se tantea, en efecto, la posibilidad de municipalización. Sin embargo, el inicio de las hostilidades y un hecho fundamental lo impidieron. En concreto, una grave epidemia de tifus en 1914. Pese a algunas dudas iniciales, se achacó a la infección por filtraciones en las Aguas de Montcada. Sus fuentes fueron precintadas o esterilizadas  y SGAB procedió a instalar fuentes provisionales.

No obstante, valga el apunte al margen, lo cierto es que las enfermedades contagiosas eran frecuentes en aquella época e incluso impulsaron una evidente dispersión urbana de los que tenían la suerte de poseer una casa en las afueras y pasar allí al menos una parte del año. En este sentido, los bosques y montañas de Montcada –hoy ya dentro del área metropolitana- fueron un lugar privilegiado  para instalar las “colonias” y torres de las clases privilegiadas de Barcelona. Así lo recoge el ilustre crítico literario Juan Ramón Masoliver ( en el precioso artículo “De quan Montcada fou peonera”, traducido al castellano por Jesús Alegría):

Sin embargo, para mí lo más positivo de aquella institución de la “colonia” hay que buscarlo en el contacto íntimo que se establecía con el mundo rural (entonces aún había payeses, leñadores, carreteros y carboneros). Para los chicos de piso que éramos nosotros suponía el descubrimiento de una libertad auténtica y gratificante, la maravilla de potenciar al máximo los sentidos y la intuición, de aprender –con nuestros compañeros de juegos y aventura- el catalán, un catalán bastante más moldeable, flexible y rico que el de los condiscípulos en Can Culapi (cuando no nos vigilaban los padres). Un conocimiento del país y del talante de su gente, que más que en los meses de verano, nos vino de las estancias en fechas de Todos los Santos cuando el rigor climático (incluso el político), invita a la vida comunal. Y sobre todo cuando la terrible gripe de 1918, con las escuelas cerradas buena parte del otoño, y de nuevo el mes de marzo siguiente”.

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3.-Ya antes de la guerra civil, el consumo de agua empieza aumentar de forma sostenida y SGAB se consolida. En gran medida, esta compañía va a protagonizar la generalización del sistema de circulación contínua de agua y el cierre progresivo de los pozos de agua limpia junto a las fosas de letrinas o excretas. Sin embargo, en la posguerra, una racha de restricciones y mal servicio fuerza el replanteamiento del problema del agua en Barcelona. Véase al respecto un fragmento del editorial de La Vanguardia de 29 de mayo de 1953, que casi podrían firmar los grupos municipales ahora dominantes:

Y el problema es urgente, repetimos, y no este gobernador y este alcalde, sino los que les sucedan, tendrán que pechar con las consecuencias terribles, acrecidas cada día mientras se van desvaneciendo, como acabamos de decir, las respectivas responsabilidades por este desastre urbanístico que es el que Barcelona, acaso la primera ciudad hoy del Mediterráneo y una de las más importantes de Europa, tenga sin resolver un problema que no es tampoco la cuadratura del círculo. ¡Áh!; pero hay que ir a fondo contra intereses privados que serían respetables si no se opusieran al interés público. Hay que descuajar todo un sentido financiero de un servicio público que en Barcelona se halla a merced de las bolsas y de las cotizaciones, sin que pese para nada en su estimación la necesidad primaria del vecindario a beber, a lavarse y a lavar. Respetabilísimas todas las Empresas que persigan un lucro lícito para el capital invertido. Nadie nos aventajará en el sentido reverencial hacia ese derecho de propiedad y de justa especulación. Pero, ¡cuidado!, porque en Barcelona se viene involucrando inveteradamente el respeto a la financiación de un servicio público o industria, con el más absoluto desprecio a la ciudad y a la higiene del vecindario. Y esto no puede continuar. Porque esto es una vergüenza para Barcelona abocada constantemente, no ya a la escasez de agua, sino a la explosión de una epidemia promovida por la falta y la mala calidad del preciado líquido.”

Y concluye que “El capital que se ha empleado en semejante explotación [del suministro del agua] está, en este caso, más obligado que nunca a saber sacrificarse”.

En el ejemplar periodístico citado se da cuenta de las gestiones realizadas al respecto por el Alcalde Simarro y por el gobernador Acedo Colunga (que aún tuvieron tiempo de asistir  al “Día de Cataluña” en la Feria Internacional del Campo, bajo la presencia de doña Carmen Polo de Franco y su hija). Alguna influencia tuvieron las conversaciones porque el 24 de junio del mismo año –1953– una Orden del Ministerio de Obras Públicas otorgó a SGAB la concesión para el aprovechamiento de 2200 litros por segundo del río Llobregat.

Ahora, se vuelve a hablar –sobre todo, a partir de esta sentencia- de reintentar la municipalización del servicio de agua y de la asunción –aunque no se sabe cómo- de las instalaciones y red de SGAB. El problema, no obstante, es ver quién y de qué forma le pone el cascabel al gato (bueno, si es que es necesario apalear al morrongo de las siete vidas).

Maquinaria original de la Central Cornellà.

Maquinaria original de la Central Cornellà.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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