Sobre bibliotecas y libreros.

…        1.-El reciente adiós definitivo de la bibliotecaria de la Universidad Autónoma Carme Farré Fiol me ha traído algunos recuerdos sobre la posición fundamental que ocupó su gremio hace ya muchos años. Lo anotaba Umberto Eco en su imprescindible Cómo se hace una tesis doctoral:

…        “Hay que superar la timidez; frecuentemente el bibliotecario os brindará consejos seguros que os harán ganar mucho tiempo. Habéis de pensar que (exceptuando los casos de directores demasiado ocupados o neuróticos) un director de biblioteca, especialmente si es pequeña, es feliz si puede demostrar dos cosas: la calidad de su memoria y de su erudición y la riqueza de su biblioteca. Cuanto más apartada esté del centro y menos frecuentada sea, tanto más le duele que sea desconocida. Una persona que pide ayuda hace feliz al director.”

 …       De un planteamiento muy diferente había partido mucho tiempo antes Pedro Salinas, en uno de sus capítulos de El defensor, dedicado a la lectura. Después de denunciar el lamentable y sórdido estado de las bibliotecas del primer tercio del siglo XX en España, enciende un “paréntesis panegírico de la biblioteca norteamericana” que, hace ya setenta y cinco años, disponía de las ventajas que hoy consideramos normales: amplias facilidades de préstamo, posibilidad de ver y tocar los libros en sus estantes (al menos, como regla general), amplios horarios, constante edición de guías de lectura…Inolvidable, por cierto, la descripción de una humilde biblioteca local:

…        “[…]no se me olvida la encantada sorpresa al llegar una noche, en automóvil, a un pueblito del Nordeste del país, todo nevado, de desparramado caserío, y reducido a casas de antiguo estilo colonial, en madera, y ver una, ni más grande ni más distinta de las demás, derramando luz sobre la nieve, por sus ventanas, toda encendida, como en fiesta, a las ocho de la noche. La Biblioteca Municipal, me dijeron. Parecía fábrica de cuento, morada de muñecas o seres imaginarios, allí toda luminosa, como término ansiado de ásperos caminos por los bosques de abetos.”

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 …       2.-Algunos de mis lectores menos jóvenes que yo podrían explicar anécdotas de bibliotecarios que les dieron una pista clave. Aún me acuerdo de aquel bibliotecario “auténtico” (con una bata para evitar el polvo de los volúmenes) que, en una biblioteca ubicada en la Ciutadella, nos descubrió el Carreras Candi a unos muchachos despistados que esperábamos encontrar por allí alguna pista fundamental para un trabajo de historia del arte (el Carreras Candi es una especie de vademécum arquitectónico de Cataluña). Algo parecido me ocurrió luego con el Majada para los primeros embates con el Derecho Procesal. Por aquel entonces, aquella bibliotecaria conocía al claustro de la Facultad y a bastantes de sus alumnos…

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  …      3.-Algo parecido ha ocurrido con las librerías. Hace unos lustros, una librería jurídica era un lugar relevante. Había libreros que eran pozos de ciencia. Aún tenemos por ahí, por cierto, a Ramón Martínez, de la Marcial Pons de Barcelona, que dice que lee todo lo que le va llegando (y yo me lo creo).

…        Mundos ya devastados por los buscadores informáticos. Ciertamente, nada que objetar ante la máquina sabelotodo pero, cuando la cosa se complica, me acerco por Provenza y comento “hola, Ramón, ¿sabes si hay algo de…?”

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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