Ridiculeces y ridiculezas

1.-Consulta, por motivos que no vienen al caso, del “Acuerdo de 28 de enero de 2016, de la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial, por el que se promociona a la categoria de Magistrado a los Jueces a quien corresponde por torno de antigüedad, y se convoca concurso para cobertura de vacantes” (BOE de 11 de febrero). Leo lo siguiente, en su articulo segundo:
2.ª No podrán tomar parte en el presente concurso:

……a)Los/as jueces/zas que se hallen en situación de suspensión definitiva.

……b)Los/as sancionados/as con traslado forzoso hasta que transcurra el plazo determinado en la resolución que ponga fin al proceso sancionador”.

Me llama la atención la cacofoníalos jueces, ¡zas!” y observo que el honrado escribiente del Consejo General del Poder Judicial hace lo posible por adaptarse a los cánones imperantes, pero se nota que no está a gusto y trampea como puede con sus barritas y sus “os/as”, aunque a veces se le olvida. Por ejemplo, en el art. Segundo, 1º d), donde comete el pecado de hablar de los “jueces de adscripción territorial” (sin “zas”) o bien de mantener la “categoría de juez”, aunque ya se ha rendido a la “categoría de magistrado/a”. Se lía un poco porque, rectamente, debería hablar de “ambos/as” cuando  se trata de dos jueces que tienen algún tipo de preferencia por motivos de convivencia familiar (ya que podrían ser dos mujeres), tal como hace cuando habla del “mismo/a” en alguna ocasión.
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2.-Según parece, toda esta carraca empezó con los Genre studies, que lograron una gran difusión y algunos frutos interesantes hace algunos lustros en Estados Unidos. Una facción se unió luego a la entrañable cofradía del lenguaje politically correct. Pero algunas estructuras del inglés no dan tanta cancha para los géneros y, en cambio, el castellano (y también el catalán) eran tierra abonada para su agria semilla.

Entre otras lindezas, las nuevas reglas consisten en duplicar las alusiones de géneros, ya que consideran que el masculino no puede abarcarlos a todos, aunque los hablantes saben perfectamente –gracias al contexto- cuándo ocurriría tal extensión. Así, hay que decir permanentemente “los alumnos y las alumnas”, “los chinos y las chinas”, “los alcaldes y las alcaldesas”…El resultado son esas frases que se arrastran kilométricamente por los discursos, los textos legales y variados documentos.

Me viene a la cabeza una infinidad de ejemplos que muestran el sinsentido de esta arbitrariedad. El ya largo título de Juan Ramón Capella “Sobre la extinción del Derecho y la supresión de los juristas” se transformaría en “Sobre la extinción del Derecho y la supresión de los juristas y de las juristas” (tomen aire). El simpático “Españoles por el mundo” se trasmutaría en “Españoles y españolas por el mundo”. Hasta la pobre Internacional ha tenido que adaptarse y ahora cantan “…en pie los esclavos y las esclavas sin pan”.
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3.-Por supuesto, todo esto no tiene nada que ver con la liberación femenina ni con nada por el estilo. Sería mejor que, en vez de gastar sus energías en la edificación de un neolenguaje recargado y repipi, se dedicaran estos luchadores a los temas clave como, por ejemplo, la discriminación salarial o el aplazamiento sine die de la maternidad.

Los talibanes gramaticales imponen, además, otra estúpida instrucción. Han de preferirse las expresiones neutras. Es decir, si antes parecía reforzarse la genitalidad –que aparezcan ellos y ellas-, ahora se opta por la fría castración: hay que hablar del “alumnado” en vez de “alumnos”.

En mi centro de trabajo, incluso, he visto en el tablón de anuncios un papel cuyo título es “Aviso al estudiantado”. Parece ser que esta palabra no existe y, ya puestos, hubiera sido mejor aludir a la estudiantina, con sus guitarras y panderetas. Han pasado ya, pues, a la pura invención de un idioma, un jueguecito orwelliano que les gusta mucho y que no sé si incluir entre las gilipolleces o entre las gilipollezas.
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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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