Fulgor áulico

…      1.-Desde luego, dedicar estos días a la reflexión sobre el Derecho Administrativo sólo se justifica en términos alimenticios o por una exacerbada y meritoria fidelidad a la especialidad, a la manera de Balmes, del cual se decía que escribía su Criterio  mientras oía las bombas a lo lejos.

…      Son tiempos de efervescencia política e incluso, sin preverlo, el blog de Boix Palop y este cuaderno coincidían en reflejar la inquietud profesoral que,  justamente casi el mismo día, se manifestaba  en torno a la reforma de la Constitución.

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     2.-De acuerdo con los arts. 152.1 de la Constitución y 67.4 del Estatuto de Autonomía de Cataluña, el Presidente de la Generalidad es nombrado por el Rey. El art. 64.1 de la Norma Suprema dispone el refrendo de los actos del Rey por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes. En cumplimiento de todo ello, el BOE publicó el 12 de enero el nombramiento del Presidente de la Generalidad, firmado por el Rey y refrendado por el Presidente del Gobierno.

…      Se ha suscitado en esta semana la pertinencia de la audiencia real de la presidenta del Parlamento de Cataluña, con ocasión del precitado nombramiento. Sin embargo, es cierto que no existe una reiterada costumbre constitucional al respecto ni tampoco se aprecia una exigencia protocolaria clara.

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….      3.-La Corona es una institución muy discutible desde el punto de vista de la racionalidad democrática. Suele justificarse por  apelaciones históricas, por motivos simbólicos o por la práctica ventaja de disponer en palacio de un experimentado moderador del juego político. Se plantea entonces el dilema de la mayor o menor visibilidad real. En una monarquía parlamentaria, las normas legales y la orientación del Presidente del  Gobierno son el marco en el que ha de moverse el “estilo” del Rey. Parece ser que, en este justo momento, se ha optado por el “cierre escenográfico”. Sin embargo, lo cierto es que, en otras ocasiones, la intervención pública relativamente arriesgada del Monarca ha sido útil (máxime cuando, en el presente caso, nos hallamos en vísperas de intensas hostilidades jurídicas).

  …    A este respecto, los menos jóvenes recordarán la interrupción en el año 1981 del discurso del Rey en la Sala de Juntas de Guernica. En síntesis, 15 junteros del partido Herri Batasuna entonaron el himno “Eusko Gudariak” e impidieron la continuación del discurso del Jefe del Estado. A los pocos minutos, fueron expulsados de la Cámara por el servicio de seguridad.

El Tribunal Supremo condenó a los parlamentarios por injurias al Jefe del Estado, pero el Tribunal Constitucional concedió el amparo y devolvió la causa al Tribunal a quo. Éste, en sentencia 2/1993, de 28 de septiembre (R.Ar. 1993/7002), decidió la libre absolución. En su resolución, el Tribunal Supremo entendió que no existía propósito o ánimo de injuriar ni tampoco “menosprecio” (que es, también, un elemento material de la injuria).

Es interesante la transcripción del  tercer párrafo del fundamento jurídico SEGUNDO (el subrayado es nuestro):

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...» Es cierto lo que recoge la fundamentación de la sentencia anterior en orden a que S. M. tuvo que sentirse, pues ello es una simple norma de la común experiencia, situado en una posición incómoda, seguramente reprochable desde los usos sociales; pero en manera alguna interpretable como despreciativa hacia la persona real. Seguramente, todo lo contrario. La comunicación mediante esta forma inusual de lenguaje se había utilizado al haberse cegado u obturado por otras instancias la posibilidad de comunicación regular propia del lenguaje ordinario. Ante ello los protagonistas decidieron hacerse oír mediante otra forma de lenguaje que pudiera hacer llegar al destinatario de manera inequívoca el « mensaje » que deseaban transmitirle. Y ello lejos de constituir muestra de falta de aprecio bien puede estimarse como manifestación de aprecio institucional, al estimar a S. M. como interlocutor válido y eficaz para satisfacer sus reivindicaciones. Se hizo, ciertamente, mediante unos modos inusuales y llamativos, que bien pudieran ser tildados de descorteses e ineducados desde la perspectiva de los usos sociales; pero en manera alguna del comportamiento descrito en la narración fáctica fluye la posibilidad de calificar aquél como de menosprecio hacia la persona o la figura constitucional regia. No estará descentrado recordar que el propio Monarca en los inicios de su reinado expresó en forma pública y solemne su voluntad y propósito no sólo de ser el rey de todos los españoles, sino también el de que ninguna voz sería desoída por él . Lejos así de menospreciarse su papel, seguramente se entendió mal dentro del diseño constitucional, al alzaprimar aquél en una monarquía parlamentaria, en la que el rey reina, pero no gobierna. Se estima, pues, que tampoco existió el elemento objetivo del tipo de remisión genérico de la injuria.»

…      Por supuesto, nada hace presagiar una presencia injuriante de la Presidenta del Parlamento catalán. El  caso es, por tanto, radicalmente distinto. Pero lo que deseo apuntar es un ejemplo de reforzamiento de la figura del Monarca –y del régimen constitucional- a partir del adecuado enfoque de una tensa tesitura.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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