Vacaciones colectivas

….Inicia hoy este cuaderno su período vacacional. Para ello, nada mejor que un fragmento de un libro magníficamente escrito y que es, igualmente, un elemento fundamental para el conocimiento de la historia real (en la medida en que el género memorialístico pueda ser útil, claro). Me refiero al texto de José Mª Marcet Coll, Mi ciudad y yo. Veinte años en una Alcaldía. 1940-1960. El autor fue alcalde de Sabadell y, además, una de las figuras políticas fundamentales de la época. En realidad, todo el libro es interesantísimo y, como ya dije, tiene una prosa elegante y ágil (aunque con alguno de los tics retóricos de la época).

 

...El capítulo transcrito[1] es ideal para el día de hoy. Debe fijarse su contexto en torno a los años cuarenta o principios de los cincuenta del siglo pasado. El Alcalde estaba obsesionado con la coincidencia forzosa de las vacaciones de todas las empresas (principalmente, del textil, que era dominante en la ciudad). Para ello, no duda en utilizar las vías legales existentes y en recurrir a la intervención directa –él mismo se dedicó personalmente a vigilar su cumplimiento-. Esta combinación de la legalidad del momento con la briosa acción del alcalde –dando órdenes ad personam, irrumpiendo en el lugar de los hechos, etc.- es una de las claves del libro.

 

...Aparece incluso en los párrafos seleccionados el viejo mito de la rivalidad entre Sabadell  y Tarrasa, considerándose en este caso que la imitación realizada por esta segunda ciudad no alcanzó plenamente los objetivos logrados en el modelo original.

 

 

“LAS VACACIONES COLECTIVAS, POSITIVO AVANCE SOCIAL

 

Uno de los más positivos beneficios sociales alcanzados por el productor, ha sido sin duda alguna el disfrute de un período de vacaciones pagadas que comprende, prácticamente, más de dos semanas de duración. Sin embargo, no tardaría en comprobarse que este beneficio quedaba muy desvirtuado en una ciudad como Sabadell. Por sus peculiares características de trabajo, es frecuente que de una misma familia, padre, madre e hijos trabajen en empresas distintas y, por tanto, no coincidan en los mismos días los respectivos períodos de vacaciones.

 

Aun cuando ninguna ley preveía la simultaneidad de las vacaciones, no ya en una misma ciudad, sino en el ámbito de una misma industria, por decisión personal impuse las vacaciones colectivas y conseguí que toda la ciudad interrumpiera su trabajo a un mismo tiempo durante el previsto período de vacaciones. Por primera vez en España y seguramente en el mundo, se registraba un caso semejante, acogido con asombro general, con gran satisfacción de muchos y la correspondiente crítica de unos cuantos. Para formalizar esta disposición mía, poniéndola a cubierto de posibles ulteriores maniobras que pretendieran anularla, efectué las necesarias gestiones hasta que conseguí legalizarla mediante la estructuración de un pacto colectivo que fue refrendado por toda la industria sabadellense, a través del cauce sindical. Mi iniciativa fue plenamente apoyada por el Gremio de Fabricantes y mereció el total beneplácito del Gobierno Civil de la provincia.

 

Todavía, a los veinte años de su implantación, sigue siendo un caso único en España. Bien es verdad que Tarrasa, después de algunos años de haber permanecido a la expectativa, decidió seguir el ejemplo. Pero después de las numerosas excepciones y salvedades que se produjeron, su intención ha quedado completamente desvirtuada.

 

Mientras fui alcalde de la ciudad, mantuve e impuse la necesidad de respetar enteramente tal disposición, a pesar de las inevitables presiones que hube de soportar para que se derogara, presiones debidas al egoísmo de unos cuantos patronos, secundados por una minoría de obreros que, mediante una compensación económica, se prestaban a hacerles el juego.

 

Sigo creyendo que esa disposición representa un positivo avance más. La circunstancia de coincidir el período de vacaciones con uno de los momentos más intensos de fabricación y envío de artículos textiles para la campaña de invierno, movió a ciertos industriales a tratar de burlar el acuerdo y apelar para ello a la Delegación Provincial de Trabajo, aportando toda suerte de pretextos, entre los cuales, como es tristemente lógico, no faltaron más o menos supuestas peticiones de obreros en favor de seguir trabajando durante el período de vacaciones. Pero me empeñé en que se cumpliera a rajatabla el convenio colectivo y llegué incluso a vigilar personalmente su cumplimiento, imponiendo, cuando era necesario, severas sanciones a los contraventores. Sin embargo, tengo la satisfacción de que la orden, salvo contadas excepciones en los primeros años, fue cumplida formalmente, hasta por quienes más reacios fueron a aceptarla. Espero que hayan reconocido ya la justicia que la motivaba.

 

Ésta es una de las partidas de mi testamento político como alcalde de mi querida ciudad de Sabadell. Espero que perdure a lo largo de los años, y no porque se trate de una obra personal en la que volqué todo el peso de mi autoridad, sino porque es una obra de auténtica justicia social y responde a un espíritu que ha de prevalecer por encima de todos los egoísmos humanos.”

 

..José María MARCET COLL, Mi ciudad y yo. Veinte años en una alcaldía. 1940-1960.

***

 

 

 

 

[1] Las negritas son nuestras.

Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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