La evolución de la sexualidad

Hoy hablaremos un poco de la evolución en este primer caso y de solo sexo, porque verdaderamente el llamado y conocidísimo sexo va evolucionando, desde mil novecientos cuarenta y cinco. Recién tras la S. Guerra Mundial las mujeres dejan de estar limitadas a lo que Bismak denomino “las 3 k”: Zinder (pequeños), kirche (iglesia) y küche (cocina). Un cambio social y económico les abrió las puertas del planeta. Con el ingreso al mercado de trabajo y el surgimiento de los movimientos feministas, consiguen reivindicar sus derechos sexuales. Empiezan a tomar más dediciones por su cuerpo serrano: se dejan sentir placer y salir del único sitio asignado, que era el de la madre. La década acaba por último con un mito. La eyaculacion precoz sufrida viendo videos porno que hasta los informes Kinsey, publicados en mil novecientos cuarenta y ocho, era considerada una demostración de virilidad, se transforma en el inconveniente sexual de Occidente.

En los cincuenta la opresión queda atrás. En mil novecientos cincuenta y uno, el químico Carl Djerassi sintetiza la primera pastilla anticonceptiva, que se lanzase al mercado el dieciocho de agosto de mil novecientos sesenta, 9 años después. Su descubrimiento da comienzo a una revolución que cambia la historia de la sexualidad femenina y la pastilla aparta al sexo de la reproducción y pone al aplacar femenino en primer plano. Hasta entonces el sexo era un don conferido por los hombres. En mil novecientos cincuenta y tres, nace Playboy. H. Hefner, de apenas veintisiete años, crea una nueva gaceta para hombres y revoluciona al mercado editorial con las Playmates.

En los sesenta empieza la revolución sexual. El movimiento hippie plantea hacer el amor y no la guerra. La compañía estadounidense G.D Searle Drug lanza al mercado la primera pastilla anticonceptiva femenina llamada Enovid. La mujer experimenta un cambio radical con relación a su cuerpo y usa a la pastilla como una herramienta de liberación, independencia y aseveración. Se impone el amor libre. La sexualidad destinada únicamente a satisfacer el placer masculino es considerada un acto de sumisión. Las modelos androginas como Twiggy marcan el espíritu de la era. Las mujeres queman corpiños públicamente y se calzan prendas que cambiarían la historia: la minifalda (inventada por Mary Quant), los vaqueros ajustados y la biquini, bautizada por Louis Reard con el nombre de una isla del Pacífico donde se experimentaba con armas tan explosivas como un cuerpo sin límites. En esta década, el sexo sale a la superficie. Empiezan a admitirse las conductas homosexuales y otras modalidades “novedosas” como el intercambio de parejas y el sexo grupal. Las investigaciones efectuadas por Masters y Jonson charlan de masturbación, clítoris y sexo anal. Asimismo valorizan un aspecto que había quedado en las sombras: el clímax femenino. Su trabajo descubre que los tiempos sexuales de la mujer son otros. Que precisa diferentes estímulos y que no alcanza el clímax del mismo modo que los varones. Acá se comienzan a cuestionar los principios freudianos como la falsa dicotomía entre el clímax clitoridiano y vaginal. Asimismo se charla de la relevancia del clítoris y del Punto G. de la envidia del pene, el postulado falocentrico. En mil novecientos sesenta y ocho, el Mayo Francés plantea la imaginación al poder. El hedonismo se transforma en un valor a perseguir y la planificación familiar se instrumenta como salida al inconveniente de la superoblación mundial.

En los setenta el hippismo prosigue en pleno apogeo. Los homosexuales de la ciudad de San Francisco se reúnen en comunidades y Helen Kaplan escribe una pieza maestra de la sexología, La nueva terapia sexual. Brotan los tratamientos sexológicos y la Asociación Psiquiatrita Americana suprime a al homosexualidad de la categoría de enfermedad. El planeta se horroriza con 2 males que incluso perduran: la violencia sexual y el abuso sexual de menores. Empiezan las primeras experiencias de fertilización in Vitro y aparece la cirugía transexual. En mil novecientos setenta y ocho nace el primer toma de probeta, Louise Brown. La fertilización asistida marca un jalón de exactamente la misma forma que el procedimiento GIFT y la terapia hormonal de remplazo, que ayuda a aguantar los males del climaterio. Incluso con todos y cada uno de los cuestionamientos sobre los efectos secundarios, la mujer el día de hoy cuida su cuerpo, lo quiere festejar y encomiar. Y desea batallar por su derecho al goce en edades avanzadas.

En los ochenta con la aparición del sida, se alteran las costumbres sexuales. Todo cuanto estaba tolerado adquiere la categoría de amenaza. Se anulan los planes de una noche y los preservativos sustituyen a la pastilla y los anticonceptivos orales. Cuidarse es la consigna. El miedo al contagio opaca al placer. Se privilegian la amedrentad y el compromiso cariñoso. Los homosexuales adquieren estrellato, brotan las uniones entre gais y lesbianas y se multiplican las parejas integradas por divorciados y las familias ensambladas con hijos “tuyos, míos y nuestros”. La fertilización asistida avanza a pasos desmedidos. La infertilidad deja de verse como un inconveniente femenino y empieza a tratarse en pareja. Los métodos se mejoran y las mujeres solas comienzan una tendencia que el día de hoy se mantiene: prescinden de los hombres para tener un hijo con la ayuda de los bancos de semen.

En los noventa el planeta se globaliza. Los talk espectáculos se imponen y la sexualidad se discute, se examina, se explica. Los travestís cuentan con su zona roja y las confesiones pero intimas se ventilan en los programas de TV. El exhibicionismo público convive con otra tendencia: el cuidado del cuerpo. La figura “perfecta” es el nuevo objeto de culto. Los gimnasios arden, se popularizan las cirugías plásticas y la moda se propaga de la mano de las supermodelos. La dictadura del cuerpo, la delgadez extrema y el intento errado por sostenerse eternamente joven persiguen a las mujeres. Los papeles se intercambian, toman la iniciativa y brota una nueva masculinidad, con varones que apuestan a la ternura y se atreven a expresar sus sentimientos. En mil novecientos noventa y ocho, llega el Viagra a la Argentina y deja charlar de algo tan exótico como la sexualidad asistida. La oidora contra la impotencia atrae a los consultorios sexológicos a una legión de hombres que ya antes no se atrevían a ir al medico. Su aparición revoluciona al mercado y despide al siglo con un plus de sexo. A la mujer, el Viagra le dejó denunciar que no era la incompetente, la lenta, sino más bien el marido. La mujer ahora es una persona que averigua sobre su sexualidad y la del varón, que lee con anhelo y con reconocimiento de que no sabe, en contraste al hombre que cree saberlo todo. Paradójica, y arriesgadamente, ahora el Viagra se emplea no solo como excitante sino más bien asimismo como antídoto.

Siglo veintiuno, piedra libre al placer. El día de hoy hay sexo explicito en la tele, las campañas graficas son de algo contenido erótico, las uniones homosexuales están legalizadas y se propaga el cibersexo. Las mujeres escogen ser madres cada vez pero tarde (y hasta deciden no tener hijos), la maternidad va al freezer con el congelamiento de óvulos y la educación sexual se discute mientras que medra el índice de embarazos no deseados y adolescentes. En el país, por si fuera poco se discute la despenalización del aborto, el cincuenta y tres por ciento de los varones vive en pareja, hay pero mujeres solas, los chicos se empiezan sexualmente cada vez pero temprano, las uniones en verdad le ganan a los casamientos, las consultas por terapia de pareja medran un cuarenta por ciento, la mayor parte de los menores de treinta viven con sus progenitores y los porteños se casan cada vez pero “viejos” (entre los treinta y treinta y cuatro años). Asimismo hay sexo por Internet, tratamientos para el deseo disminuido, fotografía estrógenos para la menopausia, donación de óvulos, alquiler de úteros y la primera de una droga que asimismo generaría clímax en la mujer. Nuevas transformaciones, deseos, pasiones y apuestas al placer.

SOLO SEXO

Hay diferencias entre hacer el amor y solo sostener relaciones íntimas, sobre todo el varón puede tener sexo con amor y sin él. Y es más: los varones pueden hacer el amor sin excitarse y generalmente empiezan su vida sexual en la calle, con rameras o bien relaciones casuales. En tanto, históricamente las mujeres lo efectúan con novios o bien hasta llegan a tener su primera relación en el matrimonio.

Mas actualmente, las mujeres han tomado lugares que ya antes no tenían, y guardan relación pero libres. Un caso de esto es el conocido “touch and go”. Con el ingreso al mercado de trabajo y el surgimiento de los movimientos feministas, consiguen reivindicar sus derechos sexuales. Empiezan a tomar resoluciones por su cuerpo: se dejan sentir placer y salir del único sitio agisnado, que era el de madre.

El día de hoy, asimismo hay sexo hasta por Internet.

Muy frecuentemente se dice: “las mujeres son fieles y los hombres la revolean por cualquier lado”. Actualmente, es un mito que es bastante cierto. Si bien las mujeres el día de hoy tiran por la borda ese leimotiv, de todas y cada una maneras prosiguen idealizando el sexo con una persona amada. Las mujeres son muy exigentes al solicitar que el hombre no sea solo su pene sino más bien algo que les de otras cosas, que las sepa acompañar y cuidar. El consumo de putas es mayor en los hombres; las mujeres no se detienen mucho en el goce instantáneo y fugaz. El hombre puede disociar: tiene relaciones íntimas con mujeres a las que no ama, y en ocasiones, ni tan siquiera conoce. Para Freud, los varones que aman no se pueden calentar y a la inversa. Las mujeres son pero uniformes en sus sentimientos.

El sexo es una necesidad física y sensible. Puesto que en muchas ocasiones las cosas del cuerpo, no son del ánima y las del ánima, no son del cuerpo. Si no tengo sexo, no me muero, entonces no es una necesidad. Existen varones i mujeres que se mueren por vetustez y que jamás tuvieron sexo. Mueren vírgenes. Lo único que difiere entre el hombre y la mujer es que los varones tienen más testosterona, solo eso.

El sexo en ocasiones va por un carril separado al del amor. Mas dejamos de procurarlo o bien en todos y cada relación íntima sospechamos sobre la posibilidad lejana de que se transforme en una relación cariñosa.

Conforme el sicólogo Zygmunt Barman, de todos y cada uno de los impulsos, inclinaciones y tendencias `naturales´ del humano, el deseo sexual “fue y prosigue siendo el pero irrebatible, obvia y unívocamente social”. “se dirige cara otro humano, demanda la presencia de otro humano, y hace diligentes sacrificios para convertir esa presencia en una unión”, explica el sicólogo en su libro Amor liquido, donde examina la debilidad de los vínculos humanos.

“El sexo fue el primer componente de los atributos naturales del homo sapiens sobre el que se grabaron distinciones artificiales, usuales y arbitrarias: la industria de base de cultura, la prohibían del incesto, que divide a las hembras en seleccionables para la cohabitación sexual”, arguye Barman.

“No es extraño, entonces, que su capacidad para producir frustración y para exacerbar esa sensación de extrañamiento que aparentemente debía curar hayan crecido mucho.

La victoria del sexo en la enorme guerra de la independencia ha sido, como máximo, una victoria pirrica”, medita Barman.

En esa línea estima que las mujeres en nuestros días se dejan “amores de verano, caprichos pasajeros, ligues de una noche” y gozan de esas experiencias “sin turbación ni culpabilidad”.

“Lo como no equivale a decir que ya no existen diferencias entre hombres y mujeres en los que respecta a su forma de relacionarse con el amor físico”, aclara el sociólogo en el libro La Tercera Mujer.

Tal y como explica, las mujeres “siguen ligadas a un erotismo sentimental y se muestran menos `coleccionistas´ que los hombres”

“Las mujeres prosiguen siendo tendentes a asociar sexo y sentimientos; los hombres, por su lado, contemplan con suma facilidad su disyunción”, asegura.

Arguye que las mujeres “no manifiestan la menor resistencia a leer escritos eróticos ni hacen asco al placer de películas de carácter sensual. Solo el porno duro, mecánico y `ginecológicos continúa extraño a las fantasías femeninas”.

Por último, concluye que el rechazo extendido de la mujer al porno.com no significa “un resto de moralismo, sino más bien la relevancia que las significaciones sentimentales recubran en su erotismo”.

La verdad es que mientras que aguardamos que llegue el amor vamos a tener relaciones íntimas con otras personas y gozamos poco a poco más con libertad.

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