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Opinions personals de membres del CEHIC i alumnes de postgrau

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juny 30 2016

El barbasco: La historia no contada de las hormonas sexuales

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La historia de la industria de las hormonas esteroideas es poco conocida a pesar que casi 4 millones de mujeres hoy en día toman píldoras hormonales. Posiblemente la causa de su olvido involucra una serie de factores de tipo social, económico y sobre todo político que afectaron la extracción y síntesis de hormonas en materias primas, especialmente hablamos de la de raíz denominada barbasco, una de las fuentes más importantes de hormonas.

El barbasco o Discorea composita Hemseley, es una raíz usada por los pueblos indígenas de México para tratar los dolores musculares y como anticonceptivo. Posee hormonas sapogeninas esterodiales asi como esteroles colesterol, estigmasterol y beta-sitosterol. Actualmente es utilizada en la industria farmacéutica para la elaboración de anticonceptivos.

La historia de las hormonas sexuales, se puede decir que comenzó en la década de 1930, periodo donde las farmacéuticas entraron en la carrera internacional para producir hormonas de este tipo. Sin embargo, para conseguir este objetivo, muchas empresas optaron por patrocinar estudios en universidades con el fin de obtener materia prima a costos menos elevados. Fue el caso de la compañía farmacéutica americana Parke-Davies quien patrocinó las investigaciones de Russell Marker, un profesor de la Universidad Estatal de Pensilvania, quien trabajaba con moléculas vegetales cercanas a los esteroides: las sapogeninas.

Entre 1939 y 1943, Marker y su grupo realizaron varios estudios y demostraron que las sapogeninas podían ser utilizadas como precursores en la síntesis de hormonas esteroides lo que estimuló a este investigador a buscar plantas que tuvieran un alto contenido de estos esteroirdes. Se dice que Russell Marker en 1941 se encontraba de viaje en Nuevo México colectando nuevas plantas para sus investigaciones, cuando vio, en la casa donde se estaba albergando un libro de botánica con la foto de una planta con una raíz enorme de la familia de los ñames o camotes, situada en el estado de Veracruz, México. Al percatarse de que aquella raíz era una posible nueva fuente de sapogeninas, viajó a ese estado. La planta que había visto se llamaba “cabeza de negro” (Soto, 2005) y efectivamente encontró que producía grandes cantidades de un compuesto esteroide, la diosgenina, la cual posteriormente logró transformarla en progesterona.

Marker quiso cultivar esta raíz, pero no pudo reproducir las condiciones en los laboratorios de Pensilvania, por tal motivo insistió a las farmacéuticas americanas que se tenían que instalar laboratorios cercanos a la materia prima. Sin embargo, no existió apoyo  para establecer una industria farmacéutica en México la cual era casi inexistente en esos momentos. A pesar de las negativas, Marker se fue a México en 1943 y estableció una nueva compañía en asociación con Emeric Somlo y Federico Lehmann, de los Laboratorios Hormona, S. A., a la que llamaron Syntex (Diechtl, 1980).

Hablar de la industria de las hormonas en México es hablar de la historia de Syntex una empresa nacional, que inicialmente contó con el apoyo directo del gobierno mexicano y que se dedicó desde 1944 a la producción e industrialización de la progesterona, logrando desplazar a los principales carteles farmacéuticos europeos y posicionarse como la única empresa que poseía la tecnología para producir los compuestos. Syntex además de colocarse en los mercados internacionales, creo una red de recolectores (campesinos indígenas) quienes le proveían directamente de las materias primas, a bajo costo económico.

El precio al cual Syntex compraba la materia a los campesinos no era justa, la simple recolección implicaba introducirse en la selva veracruzana, inhóspita en ese entonces, llena de peligros y con condiciones climáticas extremas. No obstante, la situación económica, la desigualdad social y el hambre obligaron a la gente a involucrarse con esta empresa y a la recolección de su preciosa materia prima.

Los recolectores fueron un recurso indispensable para la empresa, sin ellos y sus conocimientos de la zona, la búsqueda de nuevas raíces hubiera tardado mucho tiempo en realizarse, como el descubrimiento de la raíz Dioscorea composita, una planta semi-invasora que crece abundantemente y que contiene concentraciones de diosgenina hasta diez veces mayores que la “cabeza de negro”. Además, su ciclo biológico es de sólo tres años comparado con el de D. bartletii, que dura veinte. Todas estas características hacen a D. composita mucho más rentable que D. bartletii (Bernath, 2008).

A pesar que Syntex tiene un gran mercado en sus manos, años después de su creación se produce un conflicto serio, Marker se va de la empresa por una disputa económica, que obliga a Syntex a conseguir otro investigador que siga los procedimientos de extracción de la progesterona. Esta empresa encuentra a otro investigador capaz de sintetizar la progesterona de nombre George Rosenkranz que no sólo se instala en México, sino que aporta sus conocimientos en química en los departamentos de farmacia de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Syntex en 1951 deja de ser empresa mexicana y es comprada por estadounidenses y trasladada a California siguió siendo la principal proveedora de hormonas sintéticas en el mundo. Con este hecho, las compañías extranjeras transnacionales obtuvieron acceso directo a la materia prima y en el transcurso de los siguientes años desplazaron a las empresas independientes que habían participado en la industria mexicana de hormonas esteroideas. La materia prima quedó bajo el control y tecnología de las empresas extranjeras, evidenciando que las medidas del gobierno mexicano habían sido insuficientes desde un principio. Es increíble como el cambio cualitativo de una sola empresa hizo que el estado perdiera el control sobre los aspectos posteriores a la explotación del barbasco (Bernath, 2008).

Al ver el gobierno mexicano que pierde económicamente los derechos sobre sus productos, en 1970 se decreta la tramitación de los permisos forestales para la extracción del barbasco evitando que las transnacionales siguieran explotando el recurso en una tierra que no era suya. Se prohibió la exportación de barbasco y de diosgenina, de manera que las compañías extranjeras que querían producir anticonceptivos, cortisona u otros productos hormonales, tenían que comprarles directamente a los productores mexicanos la progesterona, con lo que se garantizaban las ganancias de las compañías nacionales.

La historia de los campesinos barbasqueros a manos de las transnacionales es larga, dolorosa e indignante. En 1975 se crea Proquivemex por el gobierno federal, para defender los intereses de la nación, beneficiando la compra de esta planta a los campesinos a 1.50 de dólar por kilo. Antes las transnacionales pagaban 20 centavos por kilo a los campesinos diciéndoles que el barbasco solo servía para producir jabones, pero pronto los campesinos se enteraron del verdadero valor de la planta y su uso para la extracción de esteroides, donde un solo gramo de ella valía en aquellos años 20 mil dólares (Diechtl, 1980).

Proquivemex llegó a producir sus propios medicamentos y también reunir a los campesinos para exigir un precio justo por el barbasco. Esta empresa exigió que las transnacionales dedicaran un 20% de su capacidad instalada para elaborar los productos para Proquivemex, sino cumplían no se les vendería barbasco. Con estas medidas se pretendía recuperar el control estatal sobre el barbasco y transferir las ganancias desde las transnacionales a los campesinos (Diechtl, 1980).

A finales de los setentas, las transnacionales cansadas y temerosas del monopolio mexicano del barbasco, empezaron a buscar otras fuentes de precursores. Se organizaron expediciones botánicas en diversas partes del mundo para encontrar nuevas especies productoras de sapogeninas. Otras compañías perfeccionaron la síntesis de progesterona a partir de colesterol logrando la síntesis química total, lo que les permitió prescindir del barbasco para producir la progesterona. Para finales de los ochentas, el mercado del barbasco había decaído drásticamente y con ello, el sustento de los campesinos que lo recolectaban.

En la década de 1990 ya era muy difícil recuperar el recurso y explotarlo, no existían las condiciones tecnológicas ni económicas, así como la dificultad de conseguir nuevos mercados a nivel internacional. Sin embargo, no se puede excluir la posibilidad que a largo plazo vuelva a existir una demanda por la raíz y por lo tanto se desarrollen nuevos productos farmacéuticos.

El barbasco es sólo uno de los tantos ejemplos de los recursos vegetales con los que cuenta México. De alguna manera, estas plantas y su explotación están inscritas en la historia de una industria que gana millones, pero desgraciadamente no están presentes en la historia de un país que por cuestiones políticas y económicas, no supo aprovecharlas.

Referencias
Diechtl, T. Sigrid. (1980) “El barbasco mexicano: condiciones y perspectivas de su aprovechamiento” Revista Ciencia Forestal 28(5). p 24-31.
Soto, L. Gabriela (2005). “Uncommon trajectories: steroid hormones, Mexican peasants, and the search for a wild yam”.Studies in History and Philoshopy of Biologicald an Biomedical Sciences. No. (36). p. 743-760.

Bernath, U. (2008). “El barbasco”. Ciencias No. 89. P 54-57.


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juny 09 2016

BIG SCIENCE AND THE LARGE HADRON COLLIDER Un artículo de: Gian Francesco Giudice

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En este breve ensayo analizaremos el artículo Big Science and the Large Hadron Collider realizado por un investigador del CERN Gian Francesco Giudice en 2012.
El título del artículo nos haría pensar que existe una parte importante en el texto el cual hablará sobre el CERN. Sin embargo, analizaremos que en realidad su artículo va más enfocado a describir algunas características de los proyectos a gran escala denominados Big Science (BS).

El autor hace mención que la BS es un fenómeno que inicia con el Proyecto Manhattan, una idea que no es del autor propiamente, más bien proviene de las concepciones de Hughes (2003), quien en su libro sobre Big Science y el Proyecto Manhattan menciona como este tipo de proyectos fueron el inicio de una nueva forma de hacer ciencia en los laboratorios. Entre las características que menciona Hughes para definir la BS podemos encontrar aspectos como la colaboración entre diferentes disciplinas, es decir, entre el trabajo interdisciplinario de ingenieros y físicos. Él menciona también que dentro de este proyecto se estableció una nueva relación entre ciencia y sociedad creando una nueva forma de realizar investigación científica, que establece un enlace entre la actividad científica y el estado.

Los proyectos a gran escala en realidad no empezaron aquí como tratan de denotarlo Hughes y Giudice. Price (1986) ya había definido este término en los años sesenta como aquellos proyectos o construcciones monumentales que requirieron grandes equipos, como los observatorios astronómicos Ulug Beg en Uzbekistán o la creación de esfuerzos internacionales en el siglo XVIII con la observación del tránsito de Venus.

Existen otras definiciones, que deberían tomarse en cuenta además de la que refiere el autor, quien define a la BS como una herramienta de la ciencia moderna que necesita grandes inversiones, para la construcción de equipos e instrumentos especializados, controlados por grupos de trabajos multidisciplinarios.

Ortoll, et al. (2014) realizan un estudio sobre cómo medir los trabajos de colaboración científica en big science y mencionan que la idea del BS no debería hacer referencia exclusiva al tamaño de los equipos y su composición, sino que representa también una forma de plantear grandes preguntas de investigación que generalmente están financiados por los gobiernos, agencias internacionales y grandes consorcios.

Posiblemente una de las mayores problemáticas al definir BS, no solo por Giudice (2012) sino por otros autores, es el conflicto epistemológico del contexto reduccionismo y constructivismo de la ciencia, los cuales no deberían ligarse a términos Small Science y Big Science, como se menciona en el artículo, más bien el autor debería auxiliarse de las teorías de Price (1986) para dar un mejor contexto del BS.
Por ejemplo, para Price la BS es un conjunto de ciencia básica denominada “Little Science” que puede crecer y transformarse en Big Science, la cual a la vez produce pequeñas líneas de investigación, es decir que el proceso puede ser reversible.

Tomando en cuenta estas definiciones, extraeremos una pregunta que ya antes había realizado Alvin Weinberg (uno de los más duros críticos de la BS) y que retoma Giudice en su artículo ¿Debería la sociedad apoyar los grandes proyectos de investigación básica en ciencia?

Históricamente ya se impulsaron proyectos a gran escala en la Segunda Guerra Mundial promoviendo a la ciencia más allá de las fronteras académicas. Por un lado, la ciencia estaba teniendo un impacto crucial en la sociedad y por el otro, estaba exigiendo más recursos financieros que se estaban consiguiendo en las periferias con el objetivo de adquirir los equipos más grandes y especializados. Principalmente los proyectos que se financiaban iban encaminados a la defensa nacional, característica que no agradó a la comunidad científica y que falta enfatizar en el artículo de Giudice (2012). Hay que mencionar que un porcentaje de esta sociedad opina que este tipo de relación ciencia-estado, conlleva a desviar el objetivo y valores principales de la ciencia, que son, los de resolver problemas de la humanidad (Weinberg, 1967).

También hace falta aclarar que la BS no sólo involucra proyectos en áreas como la física de altas energías como los sincrotrones y ciclotrones, también podemos observar proyectos involucrados en áreas como las astronomía estelar, que requiere herramientas como son los telescopios con resoluciones ópticas potentes. Un ejemplo, es el Hubble Space Telescope, un proyecto cuya inversión fue de alrededor de 2.5 miles de millones de dólares (Creus y Canals, 2014). Este telescopio no sólo es considerado como una herramienta de investigación dedicada a los estudios científicos de la naturaleza, también es un instrumento capaz de construir puentes entre los esfuerzos científicos y el público. Su objetivo no se limita a trasmitir imágenes con alta resolución del espacio, sino también despertar la curiosidad por el conocimiento astrofísico del universo.

Otro ejemplo, es el Human Genome Project con un costo inicial de 2, 700 millones de dólares y que incluyó la participación de instituciones internacionales. Una de las peculiaridades de este proyecto, fue que demandó de varias disciplinas además de la genética y las técnicas de bilogía molecular. Se requirió de especialistas en técnicas de programación para incrementar aplicaciones que desarrollaran las múltiples secuencias encontradas. Ante este panorama, se desenvolvieron infraestructuras sobre el tratamiento de datos, y se utilizó un recurso que pocos proyectos tenían, que fue el tiempo (Creus y Canals, 2014).
Existen muchos proyectos BS, y el LHC (The Large Hadron Collider) construido en el CERN también fue uno de ellos. Fue diseñado para colisionar haces de hadrones, más exactamente de protones, de hasta 7 TeV de energía, siendo su propósito principal examinar la validez y límites del Modelo Estándar, el cual es actualmente el marco teórico de la física de partículas, del que se conoce su ruptura a niveles de energía altos. Se encuentra a 100 metros bajo tierra en un túnel de 27 km de circunferencia y se considera la máquina más grande jamás construida.
Está conformada por 9300 imanes que aceleran dos haces de protones en direcciones opuestas a velocidades cercanas a la luz, son los superconductores que ayudan maniobrar con mucha precisión estos haces. Trillones de protones dan 11,000 vueltas cada segundo hasta los puntos donde colisionan, recreando las condiciones iniciales de nuestro universo. Trabaja a 271 grados bajo cero, utiliza 120 toneladas de helio y 10,000 toneladas de nitrógeno líquido. Fue un proyecto que tuvo un costo de alrededor de 3 mil millones de euros (Fernández y Miralles, 2013).

Proyectos como los que hemos mencionado no solo tienen que traducirse en recursos económicos e infraestructura a gran escala, también debe reconocerse que esta forma de hacer ciencia ha incrementado la forma de realizar colaboración científica, aportando recursos intelectuales multidisciplinarios y culturales. No obstante, es importante también conocer el planteamiento realizado por la contra parte económica, por ejemplo, cómo las inversiones económicas para estos proyectos afectan a la economía de un país, o si los científicos a partir de estos proyectos pierden el objetivo principal de la ciencia y sólo se dedican a formular patentes y productos, y por último, si el objetivo de la BS se limita al prestigio nacional.

Alvin Weinberg es quien realizó alguna de estas críticas en 1961, mencionando que la ciencia estaba tendiendo hacia construir no sólo maquinaria cada vez más grande, sino instituciones mucho más complejas, creando científicos administradores que dictaminan que hacer y cómo hacer las investigaciones, provocando la burocratización de la ciencia. Weinberg en su momento planteaba tres preguntas: la primera ¿La BS es la ruina de la ciencia? ¿Es la ruina financiera? y ¿Por qué deberíamos desviar todos los esfuerzos en temas BS?
Aunque él expone sus argumentos, Giudice nos da otra perspectiva, focalizando a la BS como una herramienta costosa para resolver problemas humanos y no como un instrumento de desmantelamiento de las tradiciones y metas científicas. El autor menciona que es sólo un proceso necesario que ayuda a resolver problemas establecidos sin cambiar los principios y pasiones que derivan de los científicos, al contrario, se ha incrementado un esfuerzo por conocer el mundo que nos rodea, aunque eso también implica conocer la forma de manipular nuestro entorno y gastar grandes sumas de dinero.

Además hay que tomar en cuenta que los proyectos de BS no solo son costosos por los equipamientos, también debe analizarse la parte de mantenimiento, personal, recursos, etc. Giudice apunta que es difícil fijar un precio exacto y significativo sobre el valor del conocimiento y del impacto cultural de los descubrimientos, sobre el deseo humano de entender los principios de la naturaleza y descifrar el universo. Un argumento bastante debatible por que habría que delimitar quienes son los actores que definen lo que es un valor cultural.

La BS no es solo investigación, es también una herramienta de enseñanza que crea oportunidades para los estudiantes que quieren especializarse, a través de programas de becas para estudiantes de todo el mundo como los que ofrece el CERN. Gracias a eso muchos físicos de distintos países han logrado fortalecer la disciplina en sus centros de trabajo, mejorando las técnicas y las formas de investigación.

Para concluir, el contexto del artículo no trata de definir un proyecto de BS como es el LHC, más bien se enfoca a darnos un breve recorrido histórico sobre la BS, la cual historiográficamente creo que le faltan muchos autores y definiciones, entre ellas las de Dominique Pestre (2003) sobre las problemáticas de los proyectos científicos relacionados con la industria y la nación, quienes dieron soporte a muchos proyectos BS.

Además el autor no resalta la importancia que ha tenido la BS en el fomento de la cultura de colaboración internacional como lo hace el CERN. Por ejemplo el proyecto ATLAS de este centro de investigación ha involucrado más de 3000 investigadores de unas 170 instituciones procedentes de 40 países y presenta una gran complejidad organizativa. En el 2012 se detectó en ATLAS la partícula conocida como el bosón de Higgs, lo que constituyó la colaboración del modelo estándar de la física de partículas elementales y llevó a la concesión del premio Nobel de física en 2013 (Abad y otros, 2012).

El artículo de Giudice ofrece un panorama general de la BS que nos puede ayudar como introducción en el tema, pero como una fuente de documentación sobre el LHC, deja mucho que decir.

Abad. G. Abaiyan, T. Abbot, B; Abadallah J; Abdel Khalek, S. (y otros). (2012). “Observation of a new particle in the search for the Estándar Model Higgs boson with the ATLAS detector at the LHC”. Physics Letters 716(1). 1-29 p.

Creus Amalia, Canals, Agusti. (2014).”Desarrollo profesional e intercambio de conocimiento en los grandes experimentos científicos”. ”. Revista Española de Documentación Científica. 37(4). 1-10 p.

Dominique Pestre (2003). “2. Los años 1870–1970 en perspectiva. Entre tecnociencia, industria y Estado-nación”, en Ciencia, dinero y política. Ensayo de interpretación Buenos Aires: Nueva Visión. 43–75p.

Fernández Vidal, Sonia; Miralles, Francesc (2013). Desayuno con partículas: La ciencia cómo nunca se ha contado. Barcelona: Plaza & Janés

Giudice Gian F. (2012). “Big Science and the Large Hadron Collider”. Physics in perpective. 14: 95-112.

Hughes, Jeff. (2003). The Manhattan Project: Big Science and the Atom Bomb. London: Icon.

Ortoll, Eva; Canals Agusti; García Montserrat; Cobarsi Josep. (2014). “Principales parámetros para el estudio de la colaboración científica en big science”. Revista Española de Documentación Científica. 37(4). 1-11 p.

Price, Derek J. de Solla. (1963) Little Science, Big Science. New York: Columbia University Press.

Weinberg, Alvin M. (1967). Reflections on Big Science. Cambridge, Massachussets: MIT Press

Yonadxandi Manriquez


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juny 03 2016

¿Se desplazan las estrellas en el cielo?

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En este breve ensayo hablaremos sobre cómo se comporta la luz al pasar en el borde del sol y comprender y comprobar la teoría de la relatividad general. Por lo tanto, a lo largo del ensayo nos referiremos a la teoría de Einstein y cómo este experimento lo impulsó a la fama siendo, hasta nuestros días, el físico más popular del mundo. Sin embargo, no nos enfocaremos en su historia o imagen, para eso existen cientos de libros que nos explican y narran su vida.
Einstein no fue quien comprobó su teoría de la relatividad, sino un astrofísico británico Arthur Stanley Eddington, quien la presentó y la defendió pese a los conflictos políticos que se generaron por la naturaleza alemana de este físico (en realidad nacionalizado suizo), que tras la Gran Guerra causaba intensos sentimientos de rechazo en Inglaterra.
Eddington era un apasionado de las estrellas y el trabajo más importante de su carrera fue la teorizar sobre el interior de las estrellas, desarrollando el primer método para comprender sus procesos. También desarrolló un modelo que permitía establecer una relación entre la luminosidad de las estrellas y su masa. Eddington también trataba de buscar desde la perspectiva newtoniana cómo la gravedad afectaba a Mercurio, el cual no seguía un comportamiento como los demás planetas. Los efectos del campo gravitatorio sobre la luz, ya era bien conocida, sin embargo, mientras estaba investigando por orden de la Royal Astronomical Society los trabajos de Einstein, encontró que su teoría de la gravedad podría explicar el dilema con este planeta.
Debemos entender que en Inglaterra y todo el resto del mundo existía una larga tradición de la mecánica newtoniana y contradecirla podría poner en riesgo las leyes de la física en ese periodo. Esto es, si Einstein argumentaba que la velocidad de la luz es una especie de límite cósmico que nada en el universo puede superar, solamente por publicar este concepto se estaba enfrentando al padre de la gravedad.
Por lo tanto, para entender el cambio de visión newtoniana a la de Einstein, y el experimento que llevó a cabo Eddington, debemos entender cómo se interpretaba el concepto de gravedad.
Para ejemplificar, concibamos una catástrofe cósmica, imaginemos que sin previo aviso el sol desapareciera por completo ¿Qué efecto produciría según Newton? Su teoría predice que si se destruyera el sol, los planetas saldrían inmediatamente de sus órbitas y se perderían en el espacio, por lo tanto Newton creía que la gravedad era una fuerza que actuaba instantáneamente a cualquier distancia, de modo que sentiríamos los efectos de dicha destrucción de manera inmediata. Pero Einstein, encontró un problema en la teoría, un fallo que sobresalía al investigar sobre la luz. Él sabía que la luz no viaja instantáneamente, de hecho los rayos solares tardan ocho minutos en recorrer los 150 millones de kilómetros que hay hasta la tierra y se había demostrado que nada, inclusive la gravedad puede viajar más rápido que la luz. Por lo tanto, ¿cómo podía salirse de órbita la tierra antes que la oscuridad causada por la desaparición del sol llegara a nuestros ojos?
Einstein desarrollo la teoría de las tres dimensiones espaciales y la única temporal que estaban unidas en un solo tejido espacio-temporal, describiendo el movimiento de los objetos sobre esta superficie. Este tejido es como una manta, en la cual si se coloca un objeto en el centro esta se dobla o se estira, si estos objetos fueran los planetas o las estrellas pasaría lo mismo, probando que la curvatura generaba la gravedad. Aplicando este principio, la tierra no se mantiene en órbita por la gravedad del Sol como mencionaba Newton, sino porque sigue las curvaturas del tejido espacial causadas por su peso, esto es, si desaparece, los planetas saldrían de su órbita inmediatamente. Esta nueva visión proporciono una nueva forma de ver a la gravedad, llamándola teoría de la relatividad general.
¿Qué pasa con la luz? De acuerdo a este principio, la luz que pasa por el borde del Sol seguiría la curvatura del espacio ocasionada por este astro. Según los cálculos de Newton, la luz debía presentar un doblamiento cerca del sol de 0.87 segundos de arco mientras que Einstein mencionaba que debía ser de 1,74 segundos de arco.
A nosotros nos tendría que parecer que las estrellas más cercanas al Sol se desplazan ligeramente de su posición usual. Einstein argumentaba que las estrellas deberían aparecer desplazadas el doble. Es como si una estrella cuya luz rozase el borde de nuestra estrella, apareciese desplazada en una distancia equivalente al ancho de una moneda vista a más de un kilómetro de distancia.
¿Quién tenía verdaderamente razón? Para poder comprobarlo se necesita comparar la posición de las estrellas a cielo abierto con su posición aparente cuando la luz roza el borde del Sol. Este efecto solo se puede ver durante un eclipse solar tomando varias fotografías de una región del cielo con y sin el Sol presente. Para ello hay que tomar en cuenta que seis meses antes deben tomarse fotos de referencia, tomando extremas precauciones con los tipos de enfoques de los telescopios utilizados durante el día y la noche.
El 9 de mayo de 1919 se presentó la oportunidad de ver un eclipse para poder contrastar estas dos teorías. En noviembre de 1917, se iniciaron los preparativos por parte de y un comité conjunto de la Royal Society y la Royal Astronomical Society, organizándose dos expediciones. Una hacia Sobral, Brasil en marzo de 1919 encabezadas por A. Cromelin y C. Davidson y otra hacia una isla frente a la costa occidental de África, Príncipe que fue la que encabezo Eddington y su ayudante E. Cottingham.
La expedición de Brasil llevaba un telescopio astrográfico con el que se obtuvieron 16 placas y un telescopio de 10 cm en el que se obtuvo 8 placas (las mejores de toda la expedición) con las cuales se calcularon la deflexión de la luz de las estrellas en el borde del sol entre 1.86 y 2,1 segundo de arco. Mientras que en Príncipe se utilizó un telescopio astrográfico con las que se obtuvieron 18 placas, de las cuales se estropearon la mayoría y solo se utilizaron dos con las que Eddington sacó un resultado mediante una compleja técnica que presuponía un valor de 1.91 segundos de arco (Collins y Pinch, 1993).
No fue inmediatamente que se revelaron a la luz estos resultados. Se analizaron previamente y entre Eddington y el astrónomo real hicieron su propio descarte ignorando las discrepancias entre las otras placas fotográficas. Fue hasta un 7 de noviembre de 1919, fecha en la que el Times de Londres escribe: revolución en la ciencia. Nueva teoría del universo. Las teorías de Newton habían sido derrocadas (Roqué, 2005). Estas frases fueron escritas a raíz de la reunión científica celebrada el día antes cuando los astrónomos ingleses anunciaron en una reunión extraordinaria conjunta de la Royal Astronomical Society y la Royal Society que las observaciones del eclipse total del sol del 9 de mayo de ese mismo año habían confirmado la predicción de Einstein en la teoría general de la relatividad (Collins y Pinch, 1993 p. 69).
Como toda teoría había ciertas incertidumbres en aceptarla en su totalidad, pero poco a poco se fue introduciendo dentro de los cálculos físicos del universo a raíz de otras comprobaciones. Lo importante en este caso fue que Eddington disfrutaba resaltando la naturaleza paradójica de la relatividad, porque creía en ella y como menciona Earman y Glymour (1980, p. 85) y para concluir: Eddington puso toda su fe porque creía que esta teoría era bella y profunda y, posiblemente, porque creía que sería mejor para el mundo que fuese verdadera, todavía hasta donde sabemos, sigue siendo la verdad acerca del espacio, el tiempo y de la gravedad.

Referencias

Collins, Harry y Pinch Trevor (1993). “¿Se desplazan las estrellas en el cielo?”. Traducción al castellano por Pedro Campos, Juan. En: El gólem, Lo que todos deberíamos saber acerca de la ciencia. Segunda edición. Barcelona: Critica. 58-71 p.

Earman, J. y Glaymour C. (1980). “Relativity and Eclipses: The British Eclipse Expedition of 1919 and their Predecessors”. Historical Studies in the Physical Sciences. 11(1) 49-85 p.

Roqué, Xavier (2005) “Einstein i la premsa. La construcció d’una icona científica contemporània.” Mètode, no. 48. 24-30 p.


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maig 30 2016

Ciencia en el Franquismo: Albareda y la fundación del CSIC

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En el presente ensayo quisiera repasar sucintamente el nacimiento del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y muy especialmente la figura de José María Albareda (1902-1966), quien dirigió la institución con puño de hierro desde su fundación en 1939 hasta su muerte en 1966, resiguiendo el artículo de Antoni Malet1 que vimos en el aula. Aunque algunas narrativas históricas insisten hoy día en aseverar que el CSIC no es más que el heredero de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), con simples alteraciones cosméticas -por ejemplo la propia página web del CSIC2-,la tesis de la continuidad es sin duda muy cuestionable. La Junta fue rápidamente desmantelada, incluso antes de terminar la Guerra Civil, por el gobierno fascista de Burgos y CSIC fue concebido desde el inicio como un polo completamente opuesto al carácter liberal de la Junta. Este espíritu reformista que irradiaba de la JAE chocaba, evidentemente, con el nuevo Estado Español de la dictadura franquista.

sede del central del CSIC

Albareda, Franco e Ibáñez martín en la sede del central del CSIC en 1948

La victoria de los militares sublevados en la Guerra Civil española supuso el fin de la “Edad de Plata” de la ciencia en España. No solo se desmanteló la JAE y su programa, también se llevó a cabo una concienzuda purga en la Universidad para acomodarla al nuevo ideario nacional-católico. En el artículo que nos ocupa, se señala que un 18% de los 540 catedráticos universitarios que había en 1935 perdieron su plaza, bien por ser apartados de sus puestos, bien por marchar al exilio o ser represaliados con cárcel o ejecución. Asimismo, casi un tercio de estos, 173, sufrieron algún tipo de sanción y hay que destacar muy especialmente entre estos a 18 victimas de sentencias de muerte (p. 308). La represión a la vida científico-académica no fue sin embargo una excepción pues ninguna otra esfera escapó a lapurga y posterior adoctrinamiento.

José María Albareada

José María Albareada

José María Albareda Herrera nació el 15 de abril de 1902 en Caspe, hijo de una familia acaudalada, de mentalidad conservadora y profundamente religiosa; su padre era farmacéutico, terrateniente y explotaba además una factoría de productos agrícolas. Se licenció en Farmacia por la Universidad de Madrid en 1923 y dos años más tarde en Ciencias Químicas por la de Zaragoza, donde se inició en la investigación científica. Se doctoró en Farmacia en 1928 y se especializó en la ciencia del suelo -edafología-. Cabe destacar que realizó varias estancias en Bonn, Zürich y Köningsberg gracias a una pensión concedida por la JAE donde estudió “química del suelo” o “aplicada a la agricultura” bajo la dirección de Hubert Kappen (1878-1949), Georg Wiegner (1883-1936) y Eilhard Alfred Mitscherlich (1874-1956) respectivamente. En 1931 elaboró su segundo doctorado, en Química, tras realizar otra estancia pensionada en Gales y Escocia donde trabajó para la Rothamsted Experimental Station estudiando la “química del suelo”. En 1934 ganó una Cátedra de Instituto de Enseñanza Media en Madrid que todavía ostentaba en el momento de la la insurrección militar del 18 de julio.

El proceso revolucionario fue particularmente vigoroso en Aragón, con numerosas colectivizaciones agrarias en las tierras ocupadas por las columnas confederales catalanas y la creación del Consejo Regional de Defensa de Aragón, entidad autónoma creada por los anarquistas y con sede en Caspe. Vistos los antecedentes de su familia y los acontecimientos que transcurren en su ciudad natal durante la contienda, su padre y su hermano fueran asesinados en esos primeros días de exaltación y rencor. Albareda, al que podemos imaginar profundamente afectado por este acto criminal, buscaría consuelo y apoyo en la residencia de estudiantes de Josemaría Escrivá de Balaguer, personaje trascendental en su vida, al que había conocido a primeros de 1936. Albareda había quedado cautivado inmediatamente, pese a tener la misma edad, por el “especial magnetismo personal que irradiaba” Escrivá. De hecho, será el decimosegundo individuo en unirse a las filas del Opus Dei (p. 315), llegando a ordenarse como sacerdote numerario de la Obra en 1959.

Josemaría Escrivá de Balaguer

Josemaría Escrivá de Balaguer

Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), fundador del Opus Dei, será años más tarde beatificado por el papa Juan Pablo II. No me detendré aquí a explicar qué es y qué hace el Opus Dei o la vida de su fundador, pero sí quiero apuntar unas ideas que encuentro marcarán a Albareda y transcenderán en su trabajo al frente del Consejo. El Opus se caracteriza por el culto a la personalidad del líder, siempre dentro de una excepcionalmente rígida jerarquía, y muy especialmente la obediencia ciega. «Obedeced, como en manos del artista obedece un instrumento —que no se para a considerar por qué hace esto o lo otro—, seguros de que nunca se os mandará cosa que no sea buena […]» o «Nunca olvides que eres solamente ejecutor» (p. 314) son algunas de las máximas que se encuentran en Camino, la obra más carismática de Escrivá, escrita en 1934. En este conexto no quedaba espacio ninguno para la disensión o el pensamiento crítico.

Los dos, junto a otros miembros del Opus, conseguirán fugarse desde el Madrid republicano hasta la España nacional llegando a su capital, Burgos, a finales del 37 donde Albareda trabajará como colaborador de la Secretaría de Cultura. En esos días, el Ministerio de Educación Nacional del gobierno rebelde lo ocupa el político derechista y profesor universitario Pedro Sainz Rodríguez (1897-1986), a la razón amigo personal del general Franco. Sainz, junto a algunos influyentes prohombres como el “camaleónico” Eugeni d’Ors (1881-1954), querrán articular una nueva institución para promover la investigación y la educación científica entorno a la figura del Instituto de España. De hecho, este primer gobierno de Franco ya ha disuelto la Junta legando todas sus funciones y bienes al Instituto. A priori, el plan del Instituto de España no supondría un gran cambio para con la manera de trabajar o gobernar internamente la JAE. La idea es más bien la de “limpiar de rojos” la ciencia española, purgar a fondo la institución y muy especialmente asegurar su “obediencia y gobernanza” mediante la designación de individuos afines al proyecto franquista. Pero este plan, tiene un germen de liberalismo que le hubiera permitido construir proyectos controlados por otro organismo ajeno al Ministerio de Educación Nacional, alejándose así de la idea de férreo centralismo del nuevo estado.

Albareda junto a José Ibáñez Martín (1896-1969), destacado militante de la Renovación Española de Calvo Sotelo, serán mucho más beligerantes con la JAE y muy concretamente con su manera de cultivar la ciencia. En particular señalarán estos cuatro defectos: 1.- La Junta “es un nido de rojos” que la emplean para la “propaganda de sus ideas materialistas y ateas”. 2.- Ha fallado promoviendo la investigación dentro de la Universidad española. 3.- No ha dado prioridad a la ciencia aplicada y la tecnología dentro de su programa. 3.- La Junta es un organismo liberal, en el sentido de que las líneas de investigación son aquellas que los jefes de equipo prefieren y no los “campos de reconocida importancia estratégica”.

Así encontraremos que al finalizar la Guerra, el modelo centralista y autoritario del CSIC prevalecerá sobre el del Instituto de España. Albareda y Sainz, señalados como Secretario General -puesto que ocupará hasta su muerte en 1966- y Presidente respectivamente, imprimirán una total sumisión del nuevo organismo al Estado, vía Ministerio de Educación Nacional, considerándose a si mismo como el “Estado Mayor” de la investigación científica española.

Como vemos en el texto de la ley fundacional del CSIC, cargado de esa barroca retórica de la “unidad de destino en lo universal”, el recién fundado Consejo Superior de Investigaciones Científicas «estará integrado por representaciones de las Universidades, de las Reales Academias, del Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos, de las Escuelas de Ingenieros de Minas, Caminos, Agrónomos, de Montes, Industriales, Navales, de Arquitectura, Bellas Artes y Veterinaria. […] investigación técnica del Ejército, […] las Ciencias Sagradas». Es interesante ver cómo los distintos cuerpos de ingenieros seguirán conservando ciertas parcelas dentro de la ciencia española, así como los militares ganarán mucha proyección en este modelo. El ministerio de Educación será plenipotenciario en todo lo relacionado con la investigación o la docencia: «Se autoriza al Ministro de Educación Nacional para interpretar, aclarar y aplicar esta Ley, así como para dictar cuantas disposiciones complementarias juzgue oportunas»<sup>3</sup>.

Inscripcion Csic 1939

Inscripción que celebraba la victoria de Franco en el frontal del edificio del CSIC, retirada en 2010

Albareda concebirá la «nature as a second book of revelation whose reading leads humankind to God» porque «la creación es un pensamiento divino» y considerará a la ciencia «moralmente ciega» lo que le llevará a aseverar que esta «necesita ser guiada» (p. 323). Clamará por la distinción entre el progreso cientifico-material y el moral en una «civilizacion superracionalizada» como la nuestra, que «necesita volver a Dios para poner un poco de orden». «Nowadays society knows how to make good scientists out of young people but does not know how to turn everybody into a good person» criticará, y tendrá muy claro el camino que ha de emprender la nueva investigación científica española: «leading to God instead to self-glorification» (p. 324). Pese a esta retórica moralista, vemos como el CSIC lleva a cabo importantes investigaciones de carácter militar, armamentístico o industriales desde su fundación. Seguramente por aquello de que la ciencia no solo patrocina al desarrollo de la ciencia y la industria, si no que también contribuye al «prestigio internacional» de la nación(p. 320). La única excepción al monopolio del CSIC serán las cuestiones relacionadas con la física nuclear, que se coordinarán desde la Junta Nacional de Energía Nuclear desde 1951.

Quisiera, antes de terminar, mencionar brevemente el caso de la Universidad de Navarra. Puede parecer relativamente sorprendente la aparición de esta universidad privada en un régimen que ha pretendido centralizar y controlar toda la educación bajo su estrecha supervisión. Pero no lo será tanto si examinamos más detenidamente su fundación, promovida por el propio Josemaría Escrivá que ofreció, muy hábilmente, el rectorado a Albareda desde el primer momento,quien se ha mudado permanentemente a su congregación desde el fin de la Guerra. Las redes clientelares de Albareda, todopoderoso en el sistema de investigación científica español durante décadas, explicarán para algunos historiadores el poder que conseguirán los tecnócratas del Opus Dei en décadas posteriores (p. 329) dentro del régimen franquista.

Como conclusión, quiero mostrar unas pocas cifras para ilustrar el paso de Albareda por la Secretaría del CSIC durante las décadas centrales del S. XX. Según el texto (p. 332), antes de la Guerra había menos de 100 investigadores a tiempo completo en por los más de 2500 en la década de los 60, cuando el CSIC perderá el monopolio de la investigación en favor de la universidady especialmente gracias a la Comisión Asesora para la Investigación Científica y Tecnológica (CAICYT) fundada de 1958. El presupuesto en investigación también crecerá de los exiguos 15 millones de pesetas de 1940 hasta los más de 626 millones de 1968, aunque habría que matizar mucho estas cifra debido a las sucesivas oleadas de inflación económica de esas décadas. Pero podemos encontrar otro dato que sí es claramente indicador del gran crecimiento en la producción científica española: en 1960 hay unas 60 publicaciones especializadas frente a las 8 que había antes de la Guerra. Como vemos, sí hubo un gran crecimiento en lo referente a la investigación científica en la España de mediados del siglo XX, aunque evidentemente sesgado y profundamente adoctrinado. Lamentablemente, nunca podremos comparar estas cifras con las que hubiese conseguido la JAE si hubiera podido desarrollar su labor durante esas décadas, lo que nos permitiría una excelente comparación cuantitativa y, con un poco más de trabajo, un interesante contraste en lo cualitativo.

Referencias

  1. Antoni Malet (2009), “José María Albareda (1902-1966) and the formation of the Spanish Consejo Superior de Investigaciones Científicas“. Annals of Science, 66:3, pp. 307-332.
  2. CSIC: 100 años de la creación de los primeros centros de la JAE.
  3. Ley de 24 de noviembre de 1939, creando el Consejo Superior de Investigaciones Científicas“. Boletín Oficial del Estado, 28 noviembre 1939.

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maig 29 2016

La «edad de plata» de la ciencia española

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Me gustaría presentar aquí un pequeño resumen de las analogías encontradas entre los textos de Sánchez Ron y Roca-Rosell1 y el de Nieto-Galan2 que analizamos en el aula durante la sesión de estudio del estado de la ciencia en las españas de principios del S. XX y en concreto el papel desempeñado por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE). Creada gracias a los esfuerzos de los intelectuales liberales reunidos en torno al influyente proyecto de renovación pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), fue fundada en 1907 y presidida por el ilustre Santiago Ramón y Cajal, desde el inicio hasta su muerte en 1934. El espíritu liberal y de reforma que irradiaba la JAE chocaba, evidentemente, con el nuevo Estado Español que nacería al calor del nacional-catolicismo de la dictadura franquista. Incluso antes de terminar la Guerra Civil, el gobierno provisional fascista de Burgos decretaría su absoluta disolución.

Instalaciones de la JAE

Instalaciones de la JAE

Lo primero y más evidente de los dos artículos es su intención, expresada sin ambages en ambos, de mostrarno que pese a las muchas miserias de la ciencia española de esa época, no encontramos un completo páramo en lo referentes a la investigación. Sánchez Ron y Roca-Rosell, cuando se refieren al Laboratorio de Investigaciones Físicas (LIF), lo hacen hablando del «first research laboratory of any significance in Spain. […] This state-supported institution was not attached to any university» (pág. 127) y Nieto-Galan matiza que «It was valuable, but not isolated, and was excessively dependent on a single institution, the Instituto Nacional de Física y Química» de la JAE (pág. 169).

Los dos textos se centran en las figuras que dan vida a los respectivos laboratorios. Por un lado, el que sería director del Laboratorio de Investigaciones Físicas -fundado por la JAE en 1911- y apodado como “Padre de la física moderna española”, Blas Cabrera y del otro, García Banús; alma del Laboratorio de Química Orgánica (LQO) de la Universidad de Barcelona. Este último caso es especialmente curioso, pues se trata de un laboratorio de investigación dentro de la universidad, situación absolutamente excepcional en una época en la que la universidad sólo pretende formar profesores y no investigadores (S.R. y R-R. pág. 138).

Blas Cabrera en el LIF

Blas Cabrera en el LIF

Blas Cabrera nació en 1878 en Arrecife de Lanzarote y se licenció en Ciencias Físicas y Matemáticas en la Universidad Central de Madrid, doctorándose en Ciencias Físicas en 1901. Descrito como un experimentalista interesado especialmente en las propiedades magnéticas de la materia, vio la necesidad de solicitar un pensionado de la JAE para mejorar su formación teórica en distintos laboratorios físicos europeos, al ser señalado como director del LIF.

El profesor Antonio García Banús

El profesor Antonio García Banús

Por su parte, García Banús nació en 1888 en el seno de una familia acomodada valenciana, sobrino del pintor Joaquín Sorolla, y también viajó a la capital del Reino para obtener su licenciatura en Ciencias Químicas en 1910. Continuó su formación, como pensionado de la JAE, en la Eidgenössische Technische Hochschule (ETH) de Zürich donde preparó su doctorado en química orgánica, en el nuevo campo de los radicales libres, en el laboratorio de Julius Schmidlin. Durante esta estancia en Suiza, se granjeó una buena reputación entre sus pares germanoparlantes, publicando artículos relativamente influyentes en sus revistas y llegando a innovar en distintas técnicas y aparatos para la síntesis y aislamiento de los trifenilmetilos.

Como podemos ver, era un común entre las clases pudiente de principios del siglo pasado abandonar su periferia natal para ir a formarse a Madrid. Así mismo, es claro el papel que juega la JAE en la formación de los investigadores mediante las becas en el extranjero. De hecho, los dos constituirán la espina dorsal de sus respectivos laboratorios a partir de estas experiencias. Estos casos nos muestran claramente una modernización de la investigación científica española, donde hay que notar que antes de la fundación de la JAE apenas existían algunos estudios avanzados sobre astronomía y meteorología dentro de nuestras fronteras. Los trabajos de investigación en química o física eran prácticamente inexistentes, aunque la formación de los distintos cuerpos de ingenieros en estas materias solía ser bastante sólida.

Anales de la Sociedad Española de Física y Química

Anales de la Sociedad Española de Física y Química

Es tristemente destacable el hecho de que la originalidad de los dos investigadores parece esfumarse al sumergirse en el ambiente español, poco propicio para la investigación. Además el alcance de sus publicaciones se ve reducido casi en exclusiva a los Anales de la Sociedad Española de Física y Química, sin llegar a trascender en el extranjero. El caso de García Banús puede ser paradigmático: «Teaching duties, the writing of chemistry textbooks and institutional commitments became progressively more important than research in this peripheral context» y además «teaching duties diverted him from top-level research, and from the task of recruiting more students, obtainig the necessary laboratory equipment and guiding research projects» (N-G. Pág: 182). Seguramente, a demás de la falta de “ambiente científico”, influía fuertemente la necesidad de complementar el sueldo de profesor universitario de alguna manera, pues es conocido que este salario no permitía vivir con muchos lujos y es común encontrar a los docentes de la época dedicados a una segunda actividad.

Los dos investigadores mantendrán muy viva su red de contactos internacionales, que forjaron durante sus estudios en el extranjero como pensionados de la JAE. Emplearán estos contactos para enviar a sus más aventajados pupilos, siguiendo con el programa de becas de la Junta, para que consigan una mejor formación en investigaciones avanzadas. Pese a todo, esta fantástica formación no aseguraba un buen futuro como investigador: «the universities had no way of profiting from so many trained scientists; on the contrary, they would spoil their scientific potential» (S.R. y R-R. pág: 136). Recordemos que el caso del LQO de García Banús es una excepción, y parece ser una empresa movida por el ímpetu personal debido al total «lack of support from the university authorities» (N-G. pág: 176).

Importante papel juegan las subvenciones del International Education Board (IEB) de la Rockefeller Foundation en el devenir de los dos laboratorios. Los reports de la IEB apuntaban a Barcelona como el “centro de progreso en España” y hablaban particularmente bien del LQO de García Banús (N-G. pág: 176), pero muy especial fue su influencia en el caso de la JAE, ya que en 1925 se firmó un preacuerdo entre el Gobierno, la Junta y la IEB para crear en Madrid un gran centro de investigación de física y química. La Fundación de Rockefeller pagó unos 400.000 dólares para la creación del que sería un espléndido centro de investigación científica: el Instituto Nacional de Física y Química, inaugurado en 1932.

Blas Cabrera en el LIF

El nuevo edificio del Instituto Nacional de Física y Química

Con la victoria de los militares insurrectos en 1939, nuestros personajes se verán forzados a exiliarse en América. García Banús, con su cátedra abolida, se marchará a Colombia donde fundará la Escuela de Química de la Universidad Nacional de Bogotá y más tarde se moverá a Venezuela, donde morirá en 1955, fundando el Laboratorio de Investigaciones de Química Orgánica de la Universidad de los Andes en Mérida. Vemos como nuevamente repetirá la experiencia de intentar implantar sus conocimientos en el campo de la investigación en la periferia. Por su parte, Blas Cabrera se exilió en México y fue acogido por la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma donde trabajó como Profesor de Física Atómica y de Historia de la Física hasta su muerte en 1945.

Como conclusión, los dos textos insisten en que sendos laboratorios pueden ser considerados, más o menos, Research Schools según los postulados de Gerald Geison3: «a small group of mature scientists pursuing a reasonably coherent programme of research side-by-side with advanced students in the same institutional context and engaging in direct, continuous social and intellectual interaction» (Geison, op. cit. Pág. 23 ). Si bien es cierto, que la falta de continuidad que implica el trágico desenlace de la Guerra Civil, así como las innumerables dificultades a su labor derivadas del atraso del sistema académico español, hacen muy difícil que estás instituciones puedan cumplir con exactitud los 14 requisitos que enumera Geison en su artículo canónico. No obstante, son dos brillantes ejemplos del estado de la ciencia dentro del panorama español de principios del XX.

 

Referencias:

 

  1. Sánchez Ron, Roca-Rosell. (1993), “Spain’s First School of Physics: Blas Cabrera’s Laboratorio de Investigaciones Físicas”. Osiris 2nd Series 8. núm. 1: pp. 127-155.
  2. Nieto-Galan. (2004), “Free radicals in the European periphery: ‘translating’ organic chemistry from Zurich to Barcelona in the early twentieth century”. British Journal for the History of Science. 37, núm. 2: pp. 167-191.
  3. G. L. Geison. (1981), «Scientific change, emerging specialties, and research schools». History of Science 19, núm. 43, pt. 1: pp. 20-40.

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maig 04 2016

Herramientas del imperialismo

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Analizaré brevemente algunos puntos que toca Headrick (1979) sobre los medios tecnológicos como motivos de expansión del imperio. Su artículo discute cómo varios países europeos iniciaron su proceso de expansión colonial en el siglo XIX, principalmente en África y Asia gracias a los medios tecnológicos.

El artículo menciona que existieron principalmente dos motivos de expansión, el económico y el político. Este último se expone como una relación con el nacionalismo, el cual Headrick los canaliza de tal forma, que nos hace ver entre líneas en su artículo que la búsqueda del engrandecimiento de la nación no lleva un gran destino.

Sin embargo aún existe el debate de si el imperialismo se logró principalmente por los motivos políticos y económicos a través de los medios tecnológicos para conseguir esos fines. Por lo tanto una de las preguntas principales que deja ver el artículo es si existe alguna relación entre los motivos como es la expansión del imperio y los medios tecnológicos.

Existen diferentes puntos de vista alrededor de este tipo de relación. Algunos historiadores no lo niegan, como Rondo Cameron en su artículo sobre “Imperialismo y tecnología”, quien nos menciona que el crecimiento en tecnología fue un factor determinante en la forma en cómo se conducía el imperio, ya que para poder penetrar y someter a las colonias se necesitó de una tecnología que equipara a las fuerzas militares para la conquista de los nuevos territorios.

Otros historiadores opinan que no se puede considerar el progreso tecnológico en esta época como un factor indispensable de expansión ya que no se han encontrado relaciones causales directas entre esas innovaciones e imperialismo. Más bien los cambios tecnológicos se asocian en este periodo en lo que llamamos revolución industrial que está más relacionado con los cambios en la economía y con el desarrollo de los líderes de las industrias comerciales en las sociedades europeas.

El dilema principal del porqué no se asocia directamente tecnología e imperio radica principalmente en la dificultad diferenciar las causas y los medios. Hoy en día los historiadores explican al imperialismo cómo una causa o la suma de los medio, donde a cada una se le asigna un peso en la historia, el problema reside en que si reducimos la importancia de alguna causa o motivo se genera un conflicto de interpretación en otros factores.

Headrick aplica para solventar este peso entre motivos y medios un modelo de causalidad, en el cual los medios tecnológicos son tan indispensables como los motivos, por lo tanto la presencia de una nueva tecnología o medio puede desencadenar un motivo para un fin deseado.

Esto quiere decir que el desarrollo de la tecnología puede producir los motivos por lo que se producen cambios sociales en el trascurso de la historia y se consideraría como un factor determinante de progreso y desarrollo social. Esta teoría es llamada determinismo tecnológico.

Smith y Marx (1996) en su libro Historia y determinismo tecnológico nos mencionan que este concepto no solamente se refiere a la tecnología como un agente de cambio casi autónomo, más bien el concepto adquiere otros matices en la que el concepto puede ocupar varios lugares que va desde atribuir a la tecnología la característica de causal o concebida per se cómo el agente causal histórico situado en una matriz social, económica, política y cultural mucho más variada y compleja.

Los autores de este libro mencionan que la gente parece sumamente dispuesta a creer que las innovaciones tecnológicas plasman el futuro de la humanidad pero no se dan cuenta que la elección tecnológica puede ser una expresión de libertad o de necesidad.

El punto central de este trabajo puede incluirse en esta definición de Smith y Marx (1996) donde el determinismo tecnológico en un primer sentido afirma que la tecnología determina unidireccionalmente los restantes aspectos de la realidad social, o en este caso la estructura geográfica y social del imperio.

Si tomamos en cuenta la hipótesis de Headrick, la creación de los medios tecnológicos fue un factor decisivo en la forma en cómo se penetraba y se sometía a las colonias y sin estos, los motivos de expansión no pudieron llevarse a cabo. Siguiendo con esta tesis, encontramos tres tecnologías fundamentales para tales fines, la primera fue la construcción de barcos de vapor construidos de acero que lograron penetrar en las colonias, gracias a que se minimizaron las problemáticas existentes con barcos de madera como los desgates, las maniobras en ríos y la vulnerabilidad en la guerra.

Sin embargo los grandes barcos de vapor con armamentos especializados no podían evitar la muerte de sus navegantes en zonas como las de África, sitio inaccesible por las enfermedades que producían a los soldados del imperio. La malaria, enfermedad que ocasionaba la muerte en África evito llevar cabo los motivos económicos y filantrópicos del imperio hacia esta región. Por lo tanto se empezaron a producir los medios con los cuales controlar la enfermedad, mediante investigaciones e experimentos quienes consiguen descubrir el plasmodium de la malaria en 1880 lo que permitió estudiarla y relacionarla con el vector principal el mosquito anófeles. Una solución contra la malaria fue realizar métodos preventivos con quinina, principalmente con el alcaloide quinina, que permitió la sobrevivencia de las expediciones y abrió las puertas para la invasión Europea en África.

Otra tecnología que ayudó en la conquista de territorios fue la creación de armamentos. La creación de armas ayudó a mejorar las tácticas de la guerra en el imperio y fue tan importante y exitosa esta tecnología que el siglo XIX fue un periodo en la historia donde se produce un dramático desarrollo de armas en términos de efectividad.

La tecnología en armas permitió a los artilleros mejorar el disparo a sus objetivos y mejorar los tiempos de ejecución. Además de imponer una hegemonía en sitios donde las armas eran prácticamente construcciones artesanales de bajo impacto y cuyo alcance era limitado.

Como conclusión del artículo podemos decir que se dio por hecho que el uso de las armas como elemento de superioridad y se atribuyeron los éxitos principalmente al valor, coraje y virtudes morales de los solados y no al hecho que los cambios tecnológicos ayudaron a la construcción de esta superioridad.

La relación tecnología e imperio es difusa ya que muchos historiadores consideran que este relación solo se utilizó en las guerras de las colonias teniendo poco impacto en occidente. Los motivos y los medios no fueron rivales pero fueron congruentes con las causas del nuevo imperialismo y están relacionados entre sí pero no de una forma determinista unidireccional.
La hipótesis que propone el autor es que las innovaciones que fueron desarrolladas en el siglo XIX tuvieron una motivación en la conquista, es un poco incongruente, ya que estudios muestran que no fueron los nuevos instrumentos. por ejemplo de navegación la causa principal de la colonización del mundo por parte de Europa; por el contrario, los viajes oceánicos y transoceánicos se afrontaron en respuesta a la necesidad de contar con materias primas a bajo costo que urgía a las potencias de la época, y ello operó presionando hacia el desarrollo de nuevos instrumentos de navegación e incluso hacia la adaptación de instrumentos.

En algunos momentos históricos la presión socioeconómica en una dirección particular del avance tecnológico fue tan fuerte que permitió la producción de artefactos, incluso a gran escala, careciéndose de un respaldo teórico-científico.

Desde otra perspectiva, no es la tecnología la que impone un particular orden socioeconómico y político sino la estructura de una sociedad la que privilegia ciertas formas de manifestación tecnológica frente a otras.

Antes de cerrar con esta idea, creo que es importante realizar un breve recorrido historiográfico que nos proporcione enfoques distintos a los presentados por el autor. Por ejemplo, en la década de los ochenta y principios de los noventa se fomentó la idea que la ciencia tenía un inmenso poder para ejercer el control sobre las colonias y expandir sus imperios. Existen otros trabajos que ponen en valor los conocimientos y saberes locales, es decir desde los centros y las periferias a diferencia de los trabajos clásicos que solamente ponen de manifiesto los centros o las metrópolis. Ejemplo de ello son los trabajos de James Clifford (1997) quien estudio las dinámicas del trabajo de campos etnográficos. Los estudios académicos tendían a asumir que era el colonizador el que cambiaba a través de su experiencia viajera y que el colonizado era un sujeto estático sin embargo hay que entender que esto no es así existe una dinámica de saberes locales.
Frederick Cooper y la antropóloga Ann Laura Stoler (1997), proponen una oposición a la idea de que Europa era una unidad coherente y estática cuando se desplazó hacia África o Asia para desarrollar su empresa colonizadora, una variedad de estudios de caso demostraron que los imperios debían ser estudiados en un contexto dinámico y de cambio contante.

El trabajo de David Arnold o Gyan Prakash (1993) es un buen ejemplo de esta corriente. Sus estudios sobre la ciencia y la medicina colonial en la India analizaron en un mismo plano tanto las nociones científicas británicas como el conocimiento indio. Para ambos autores, la importancia que la ciencia occidental ganó finalmente en la India respondió más al contexto colonial y las cambiantes condiciones locales, que a una inherente superioridad en su forma de comprender el mundo.

A pesar que este breve ensayo no es un análisis historiográfico vale la pena citar estos ejemplos para comprender la visión que tuvo Headrick sobre los motivos de colonización y desarrollo de tecnologías en este artículo, escrito en 1979.

Referencias

Arnold, David (1993). Colonizing the body: state medicine and epidemic disease in nineteenth-century India. Berkeley: University of California Press
Clifford, James (1997). Routes: Travel and Translation in the Late Twentieth Century. Cambridge: Harvard University Press.
Cooper, Frederick y Stoler, Ann Laura (1997) Tensions of Empire: Colonial Cultures in a Bourgeois World. Berkeley: University of California Press.
Daniel R. Headrick (1979) “The Tools of Imperialism: Technology and the Expansion of European Colonial Empires in the Nineteenth Century”. The Journal of Modern History, 51 (2), 231-263.
Smith, Merritt Roe, Marx, Leo (1996). Historia y determinismo tecnológico. Madrid: Alianza Editorial.

Yonadxandi Manríquez Ledezma


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maig 04 2016

¿Qué significa releer a Curie?

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“Releer a Marie Curie” es la introducción al libro Marie Curie: Escritos Biográficos editado por Xavier Roqué, que nos plantea la posibilidad de reubicar su imagen en la historia de la radioactividad a través de conocer las otras facetas de su vida que fueron extremadamente importantes para que ella logrará el éxito en sus investigaciones sobre el radio.

Pero antes de adentrarnos en esas facetas, primero tenemos que preguntarnos ¿cuál es la imagen que nos ha trasmitido Madame Curie? La mujer que ganó dos veces el premio nobel, la esposa y madre, la científica altruista o una mujer triste y sencilla. Para responder esta pregunta comentaremos algunas ideas que expone este artículo junto con otras visiones como las de Sánchez-Ron (2000).

Cuando tomamos un libro de tantos que existen alrededor de esta figura, casi siempre nos trasmiten en los primeros párrafos la misma idea, es decir la de una mujer extraordinaria. Sin embargo, ¿por qué es extraordinaria a las demás mujeres? Posiblemente porque fue una mujer de ciencia como muchas otras que encontraron la forma de sobrellevar lo familiar, lo profesional y lo económico para desarrollar una de sus pasiones que era la investigación científica.

Por lo tanto si vamos a releer a Curie debemos tener en cuenta que la imagen de mujer única, capaz de superar las barreras de género y de disciplinar las técnicas y metodologías en el laboratorio es una imagen a la que le faltan muchos contextos, entre ellos los que nos faciliten entender sus logros y descubrimientos dentro de la historia de la radioactividad.

Por ejemplo, aunque se conservan muy pocas imágenes, existe una Marie que es muy consciente de las implicaciones domésticas y económicas de su trabajo, una mujer que tiene que resolver o solventar las tareas familiares (Roqué, 2011). Para enfrentarse a esto, tuvo que establecer entre ella y Pierre un modelo que permitiera el cuidado y la crianza de las hijas y facilitar las tareas domésticas, permitiendo al matrimonio centrarse en el trabajo de laboratorio. Una pieza central de este modelo fue el padre de Pierre, Eugène Curie médico y admirador de la investigación científica con una filosofía propia. Fue quien se haría cargo de la educación y los cuidados de las hijas de Marie, Irene y Éve quien a la vez recibirían una educación especial por parte de Marie. Lo que intento resaltar, es que tanto las personas como la ciencia fueron fundamentales en la historia de Marie Curie. Su familia, amigos y colegas científicos desempeñaron un papel esencial en su vida; ellos la modelaron y a su vez ella les modeló (Sánchez-Ron, 2000, p. 21).

Por lo tanto, la primera faceta que comentaremos será la cuestión de la pareja, específicamente a lo que se refiere el trabajo en conjunto. En muchas ocasiones se ha criticado el poco valor que se le ha dado a las mujeres de ciencia que comparten el trabajo con sus maridos, ya que estos suelen ser vistos como superiores en intelecto y destreza y la mujer como su ayudante. También habría que incluir los celos profesionales que se generan a lo largo de las carreas de ambas personas que ocasionan muchas veces la ruptura no solo familiar sino de las investigaciones llevadas a cabo en pareja.

Los Curie, supieron delimitar sus labores en el laboratorio y respetar mutuamente los diferentes proyectos que llevaban a cabo. Además, una cosa importante fue que desde un inicio delimitaron sus contribuciones respectivas en las publicaciones conjuntas, lo que aseguró tanto el reconocimiento de Marie como el de Pierre (Roqué, 2011).

La segunda imagen que mencionaremos, es aquella de una Marie sin amigos que siempre viste de negro y se encuentra recluida en el laboratorio, sola y aislada del mundo. Esta imagen no es de todo cierta, existe la Marie que fue capaz de relacionarse y ser una figura pública con fines muy específicos, por ejemplo, recolectar el material de sus investigaciones a través de la petición de apoyo del Estado francés, llevándola a implicarse políticamente en el Comité para la Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones.

Aunque poco estudiado, además de la política, que he tocado superficialmente, fue la red de relaciones académicas e industriales que construyó para conseguir los materiales necesarios en sus investigaciones. (Roqué, 1997). Una relación benéfica para ambos sectores, donde la industria aportaba el material a cambio de la producción y comercialización del radio producido, además del beneficio de instrumentos diseñados por Pierre y su hermano mayor Jacques. Un ejemplo de estos instrumentos fue la balanza aperiódica de precisión o el cuarzo piezoeléctrico, el cual brindaba la destreza necesaria para medir la radiación.

La tercera imagen es la una Marie preocupada por abastecerse del material necesario para las investigaciones, el radio. Este material se concentraba en la pechblenda pero al ser “prodigiosamente débil” se tenía que extraer cantidades enormes para conseguir muy pocos miligramos a costos muy elevados. Esto provocaría una colaboración por parte de los Curie con las industrias de los radioelementos para obtener la materia prima de sus trabajos. Posiblemente esta imagen es de la que menos se habla, de una Curie que se involucra en la industria con un objetivo, la acumulación del radio, el cual lucharía Marie toda su vida por conseguirlo, siempre con fines de investigación.

Dentro de esta imagen que fue la búsqueda del radio, existió un evento histórico, que fue cuando Marie accede a abrir las puertas de su vida a la prensa, otorgando una entrevista a Marie Meloney, reportera de la revista The Delineator de Estados Unidos, quien simpatiza con ella y le cuenta sobre los problemas de no poseer radio y sobre su convicción de que el radio no debe de enriquecer a nadie, porque pertenece a todo el mundo. Meloney tras la entrevista y la simpatía generada, decide obtener recursos mediante la Asociación de Mujeres de América para financiar la compra del radio a cambio que la propia Curie fuera a recogerlo a Estados Unidos. Esta misión o travesía fue cumplida por parte de Meloney y la asociación citada anteriormente en 1921 (Sánchez-Ron, 2000, p. 198).
Por último analizaremos brevemente la imagen sobre un matrimonio que opina que la ciencia es de la humanidad, me refiero al acto de no haber patentado sus descubrimientos y técnicas de extracción ¿Altruismo o táctica?

A pesar que amigos cercanos mencionaron que debían haber patentado sus descubrimientos para no tener problemas financieros a lo largo de su vida ni carecer de recursos en el desarrollo del Instituto del Radio, los Curie mantenían la convicción que la humanidad debería ser poseedora de esos conocimientos y defendieron que el estado era el que tenía que procurar los medios adecuados para que la investigación se realizara en condiciones satisfactorias. ¿Marie se había ganado la gloria con este acto? ¿O más bien fue una gloria personal basada en la modestia y en la defensa de sus principios de humildad, integridad y trabajo.

Sin embargo existen algunas contradicciones con respecto a este acto, por ejemplo en 1922 Marie se convierte en portavoz de una causa que defendía los derechos sobre la propiedad intelectual, siempre que se hicieran en beneficio de la humanidad: de los beneficios comerciales se obtendrían subvenciones para promover la investigación y por consiguiente el progreso del país. ¿Podría considerarse una infidelidad a la investigación científica?

Éstas y muchas preguntas más podemos hacernos alrededor de las decisiones y convicciones que tomó Marie, pero precisamente eso es lo que implicar releer su biografía, volver a contar una historia con matices más reales que nos haga reflexionar no solamente sobre el éxito de sus investigaciones sino sobre todas las dificultades que fueron surgiendo en su vida y que tuvo que solucionar. Por lo tanto, entendiendo cómo se desenvolvió esta destacada científica, en el contexto de la ciencia y la sociedad de finales del siglo XIX y principios XX, más capacitados estaremos para entender tanto su vida como su ciencia.

No pongo en duda que esta mujer sigue siendo extraordinaria, como muchas otras mujeres de ciencia en las que tras sus logros existieron una serie de estructuras y toma de decisiones a nivel personal que encaminaron sus investigaciones científicas.

Referencias

Roqué, Xavier (1997) “Ciencia e industria en el desarrollo de la radioactividad: El caso de Marie Curie”. Arbor núm. 613. p. 25-49.
Roqué, Xavier (2011). “Releer a Curie”. En: Marie Curie. Escritos biográficos (Bellaterra: Edicions UAB), p. 9-32.
Sánchez Ron, J. Manuel (2000). Marie Curie y su tiempo. Barcelona: ABC.

Yonadxandi Manríquez


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març 03 2016

Víctor i Eva. Patricia Fara i el gènere en Frankenstein

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En el capítol “Mary Shelley/Victor Frankenstein”, del seu llibre Pandora’s Breeches, Patricia Fara analitza alguns punts rellevants de l’obra de Shelley, que pivoten al voltant de la qüestió de gènere. Fara fa un anàlisi dual: dins i fora de la novel·la. Pel que fa al contingut de l’obra, analitza com l’experiència vital de Shelley i els seus coneixements acadèmics es veuen plasmats en el desenvolupament de la història i els personatges. D’altra banda, si ens fixem en l’anàlisi del context social en el qual s’inscriu la història, Fara parla de la relació de les dones amb el món acadèmic i la reacció que això provoca. A continuació ho veurem més detalladament.

Mary Shelley, filla de Mary Wollestonecraft (autora de Vindicació dels drets de la dona, 1792) i William Godwin (filòsof radical), no és representativa del rol que s’atribueix a la dona en el seu moment. La seva formació és excepcional, així com ho és la seva trajectòria. Aquesta excepcionalitat es veu plasmada en l’obra de diverses maneres. La primera sobre la qual cal posar atenció és la creació de vida, sobre la qual en fa una reflexió que ressona amb els debats més punters del moment, demostrant que està al dia dels avenços científics, gràcies a la seva formació i connexions. Fara ens parla de com, per Shelley, la creació artificial, antinatural, d’una criatura que no neix de la seva mare, porta unes conseqüències desastroses per aquell que l’ha creat, aquell que s’ha atrevit a vulnerar el regal femení que és la capacitat de donar llum. Fara explica com aquesta qüestió toca de ple a Shelley, ja que en el moment d’escriure l’obra està embarassada d’una criatura i n’ha perdut una altra. Posar en marxa les teories científiques que proposen que l’electricitat pot ser l’espurna necessària per la creació de vida suposen un atac directe a ella com a dona, com a portadora de vida al món, i en l’obra, Shelley mostra com aquest camí només pot portar al desastre.

La segona qüestió que cal destacar és la de la natura. En moltes cultures la natura és femenina, és la mare que nodreix i cuida, proporciona aliments i protecció, no és estrany, doncs, que Shelley també la personifiqui en femení. La natura en Frankenstein, però, és dual. Esdevé, en ocasions, font de consol i calma pel protagonista (com hauria de fer el prototip de dona del moment en l’esfera domèstica) però en altres és font de fúria i força imparable, esdevenint l’aturador a l’avanç de l’home científic, tenaç.

Malgrat aquestes característiques diferencials, els personatges femenins de Shelley sí que s’adeqüen a la perfecció amb el cànon social del moment. Les seves dones, contraposadament a la natura, només tenen una faceta, la de la compassió, amabilitat, fragilitat, són emocionals i no racionals com els homes. Estan condemnades pel seu autosacrifici (la mare de Victor no és capaç de deixar el llit d’Elizabeth quan agafa l’escarlatina i això li produeix la mort) i totalment devotes al seu deure.

Un cop esmentades les característiques de gènere que té l’obra en sí, cal veure en quin context s’inscriu. Les dones i la ciència fins a aquest període de principis del s. XIX s’havien relacionat, en termes generals, amb la ciència des d’una posició d’inferioritat, pueril. Científics homes escrivien manuals simplificats i puerils sobre ciència per a què les dones la poguessin entendre, però en aquest moment les dones demostren que són perfectament capaces d’entendre les produccions acadèmiques i que són unes excel·lents divulgadores d’aquest coneixement a nous públics i infants.

Fara relata l’experiència de Jane Marcet, autora d’un llibre de química per a infants, protagonitzat per 3 dones que practiquen ciència a casa. Aquesta obertura d’espais i públics és característica d’aquest moment, i tant Marcet com la mateixa Shelley beuen d’aquells científics que treballen en aquesta direcció. Humphrey Davy era un membre de la Royal Society que es dedicava a fer espectacles químics per a popularitzar aquesta disciplina. Marcet, al seu torn porta aquesta popularització en un lloc confortable i adequat per a les dones, la llar, lluny de l’espectacle més propi d’homes de Davy, encara que segueixi utilitzant les seves lectures i explicacions. Mary Shelley beurà dels dos: coneixement científic acurat sobre les noves teories químiques i electroquímiques, i una nova manera d’afrontar la ciència des de la ficció.

El punt clau, en aquest aspecte, és la interconnexió entre Shelley i Marcet. En aquest període les xarxes de dones vinculades d’alguna manera o altra a la ciència són molt importants. Dones de científics, filles o germanes, estan en contacte, es donen suport, es formen i creen noves maneres de generar coneixement fora dels espais masculins. No són xarxes generalitzades, però, hi ha grans grups socials, d’homes i dones, que condemnen aquesta invasió d’espais i disciplines masculins per part de dones, i en fan crítiques molt dures. La pressió és tal, que moltes escriptores opten per no firmar les seves obres (Shelley mateix només firma la seva obra en l’edició que surt dos anys després de l’original). A aquestes dones que realitzen tasques pròpies dels homes o que tracten la ciència els penja sobre el cap l’amenaça de esdevenir “Ladys of scientific hàbits”. Fara explica que aquesta representació de les dones científiques implica una dessexualització. Aquelles dones que engoleixin llibres i es dediquin qüestions masculines deixen de ser femenines, perden les capacitats pròpies de les dones, i passen a ser capaces, només, de generar més llibres, només poden donar llum a més textos.

Malgrat tot, aquesta situació no durarà. Amb la professionalització de la ciència al llarg del segle XIX i la instauració del laboratori com a centre d’aquesta, les dones ja no hi tindran accés. Mentre la ciència es duu a terme en espais variats i de caire més informal, com pot ser la llar, les dones hi tenen accés, perquè són espais on elles intervenen, però amb la professionalització aquesta situació canvia, i entrar a aquests nous espais resulta molt més difícil.

En conclusió, Fara llegeix en l’obra de Shelley un seguit de qüestions relacionades amb el gènere que s’afegeixen a altres sobre estil, contingut o enfocament, que expliquen la rellevància històrica i la importància que ha adquirit Frankenstein. Shelley imbrica realitat i imaginació, fets i mite, per tractar una qüestió molt rellevant per la societat: els límits de la ciència, la responsabilitat moral del científic respecte les seves creacions, i les conseqüències desastroses de la no reflexió sobre les accions d’hom. En aquesta innovació literària hi ha lloc per al qüestionament del comportament i una certa crítica social, però més enllà d’això, Fara destaca un aspecte molt i molt concret de l’obra de Shelley: el pecat.

El pecat original el comet Eva. És ella qui menja la poma prohibida i condemna els humans. Pandora allibera els mals sobre la terra. El pecat és essencialment femení. Shelley, però, dóna la volta a la truita, i posa el pecat a les espatlles d’un home: Victor. És ell qui s’atreveix a fer allò prohibit, qui s’atreveix a jugar a ser Déu i crear vida, i dóna lloc a una criatura monstruosa i assassina. És aquest pecat el que li acabarà portant la mort a ell i als seus éssers estimats.


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maig 16 2011

Ciencia, Participación y Memoria

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Desde: http://www.armhcuenca.org/exhumaciones/ucles/ucles1.JPG

El tema de la exhumación masiva de cuerpos torturados y asesinados durante la Guerra Civil y el franquismo en España es uno delicado y complejo. Por un lado, en algunos casos, no existe consenso en torno a la exhumación. Por otro lado, al mismo tiempo, el asunto ha tenido un vasto público de apoyo y colaboración.

En este asunto la participación de las ciencias, médicos forenses y sus públicos ha sido de gran relevancia. Parte de las exhumaciones de los cuerpos se ha realizado bajo la dirección del médico forense, profesor de la Universidad del País Vasco y presidente de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Francisco Etxeberria.
Aunque le dijeron “ten cuidado. No te metas en este asunto”, Etxeberría estuvo desde el año 2000 en la primera exhumación con métodos científicos en España. El inicio fue con los restos del abuelo de Emilio Silva, fundador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

El proceso metodológico de la exhumación masiva no se realizó de manera aislada entre “expertos”. Por el contrario, fue inclusivo de la voz y participación de los que a simple vista parecerían “no expertos” en medicina forense. En el proceso han participado historiadores, antropólogos culturales, antropólogos físicos, arqueólogos, psicólogos y ciudadanos de diversos trasfondos y profesiones. La forma de participación ha sido diversa, desde quienes trabajaron a pie de fosa hasta quienes lo hicieron desde la retaguardia.

Para entender la relevancia de la inclusión de estos últimos, se debe conocer que antes de iniciarse la exhumación de los cuerpos represaliados se realizan investigaciones para preparar un informe preliminar. Dicho informe debe incluir qué se sabe, qué se dice en el pueblo y dónde se encuentra la fosa, para decidir si es viable o no la exhumación. Por eso, las entrevistas son pieza clave en esta metodología. El equipo interdisciplinario de Etxeberria realizó entrevistas y grabaciones de los testigos así como de familiares de los represaliados.

Acorde con su visión y su sensibilidad humana en torno al tema, Etxebarría ha dejado claro que el trabajo se realiza cuando lo familia así lo desea. Su compromiso, desde la ciencia, con los derechos humanos, trasciende no sólo disciplinas, sino además, fronteras geográficas. Éste también colaboró con la Comisión de Derechos Humanos de Chile y el proceso de reconstrucción de la muerte de Victor Jara (asesinado bajo la dictadura chilena). De hecho Etxebarría señala que España debería mirar como ejemplo a Chile, donde, según el médico, no valen las impunidades. Así nos revela que el aprendizaje y el conocimiento no son unidireccionales, sino que circula.

Para el 2010, se habían abierto en España 230 fosas. Las Asociaciones de Familias han recuperado más de 5,200 cuerpos. Todavía quedan muchas fosas identificadas por abrir. Aunque el propio Etxebarria admite que es imposible encontrar todos los cuerpos desaparecidos, reconoce la importancia de las exhumaciones para la recuperación de la “dignidad”, refiriéndose a la memoria de las personas.

Finalmente, el caso de las exhumaciones masivas de víctimas desaparecidas revela que múltiples disciplinas intelectuales pueden complementarse de forma útil a la sociedad. De igual forma, la articulación de los ciudadanos y ciudadanas “no expertos” con los “expertos” científicos nos demuestra que una cultura científica participativa es posible.

Entrevista Los Caminos de la Memoria documental genocidio franquista

[vimeo]http://vimeo.com/11089366[/vimeo]

Referencias:
Balance de diez años de exhumaciones
Estamos recuperando dignidades
“Cuando te entregan los restos de tu familiar, el mundo cambia”
Francisco Etxeberria recibirá la medalla al mérito ciudadano de San Sebastián
Francisco Etxebarria
Entrevista a Francisco Etxebarria


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maig 06 2011

NUCLEAR? NO, GRÀCIES!

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Fa poc vaig llegir l’article “Science and Public Participation” en Modern Biology and Visions of Humanity de Massimiano Bucchi i Federico Neresini, publicat al 2004.  Entre altres moltes coses vaig llegir com els autors caracteritzen els nous moviments socials contestataris de  la “ciència oficial”. Per una banda, diuen els autors, aquests moviments tenen com enemics la “ciència oficial” i la tecnologia però per una altra banda recorren a aquestes per aconseguir els seus propis resultats. Aquests nous moviments apareixen com els portaveus de la “veritable ciència” front una comunitat científica massa compromesa amb els poders polític i econòmic i recuperen d’aquesta manera la neutralitat i la independència tant desitjades per a la ciència.

Està clar que un dels moviments socials més potent que posa en qüestió la “ciència oficial” és el que es mou al voltant de la qüestió mediambiental. A principis dels anys 70 es va configurar un fort moviment antinuclears particularment al món occidental. D’aquests anys també va ser  el naixement del grup Greenpeace. L’activitat d’aquests grups i moviments han estat  tant importants que, en gran part, han catapultat l’aparició de grups polítics amb una creixent influència dins les democràcies europees. Només cal citar  el recent triomf electoral del candidat verd front al democristià en un govern regional alemany.

I efectivament, a partir del desastre de Fukushima el tema de les centrals nuclears ha tornat a col·locar-se en primer pla. Ha tornat a guanyar plena vigència el lema que va encapçalar tots els moviments reivindicatius per un món més sostenible: “Nuclear? no gràcies!”, és a dir la ciència de la vida front la vida sota la ciència, com diuen els autors citats al principi. Els governs del món occidental s’han apressat en assegurar noves mesures de seguretat al voltant de les centrals nuclears o fins i tot en aturar futurs projectes d’ampliació o renovació d’aquestes. Pels estudiosos de la interacció ciència i els seus públics, el moviment antinuclears ha estat sempre un bon exemple de com el món profà podia arribar a influir sobre el discurs científic oficial.

Però, també, darrerament apareixien, en un diari català, després de Fukushima, les declaracions provocatives de l’escriptor ecologista britànic Mark Lynas. Segons aquest ecologista, malgrat l’accident de Fukushima, fins i tot a partir d’aquest, les centrals nuclears continuen sent un mal menor front al perill molt pitjor del carbó. Segons ell, el moviment mediambiental “oficial” no està realment preocupat pel medi ambient sinó sobre tot per mantenir una identitat que li ve de la guerra freda i del moviment per a la pau. Ell, com també els altres ecologistes, aporta tota mena de proves “rigorosament científiques” del què afirma : el perill nuclear és molt inferior que el que es pot derivar d’una política energètica basada en els hidrocarburs.

El profà de debò, el que sempre ha cregut que els governs i els seus tècnics vetllaven per la seguretat de la gent o el profà que sempre ha cregut en els verds antinuclears es troba davant el dilema de saber on és la “ciència veritable”. Ara no solament la qüestió està en recuperar la independència de la ciència que es trobava en  mans del poder dels monopolis sinó que els mateixos que l’havien rescatat d’aquelles mans no es posen d’acord. On està la solució? Caldrà buscar alguns altres experts que ens indiquin el camí? O potser haurem d’arribar a la conclusió que amb la opinió dels experts no hi ha prou i que d’alguna manera en la decisió sobre quins són els mals menors per a la humanitat la opinió de la gent del carrer és fonamental?

Joaquim Berenguer


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