Science is not fun

Opinions personals de membres del CEHIC i alumnes de postgrau

Archive for juliol, 2017

jul. 23 2017

La ética hacker y los hacker en los media: similitudes respecto a la ciencia y el científico

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Los orígenes del término hacker y ética hacker se encuentran en torno al 1959 en el seno del Tech Model Railroad Club (TMCR) del MIT para el primero y en 1984 con la publicación de Hackers: Heroes of the Computer Revolution, escrito por el periodista estadounidense Steven Levy para el segundo. En su obra se recorren los hechos y los protagonistas del mundo hacker estableciendo los «siete principios de la ética hacker»: el primero, «El acceso a las computadoras y cualquier otro mecanismo que nos enseñe cómo funciona el mundo debe ser ilimitado y total.»; en segundo lugar, «Caer siempre en la tentación de llevarlo a la práctica»; el tercero, «Toda la información debería ser libre»; el cuarto, «Desconfía de la autoridad, promueve la descentralización»; el quinto, «Los hackers deben ser juzgados por sus actos, no por criterios como la apariencia, el puesto, la edad, la raza o la posición social»; el sexto, «Se puede crear arte y belleza con una computadora» y el séptimo, «Las computadoras pueden mejorar nuestra vida» (Jiménez, 2010b:58). Los siete principios de la ética hacker chocan y guardan similitudes con la visión tradicional que se tenía del científico o se tiene del científico, y la idea positivista del avance tecnológico como símbolo de progreso.

Tal y como señala el filósofo finlandés Pekka Himanen, el término hacker se debe emplear correctamente, ya que si no se muestra una visión distorsionada de este grupo de expertos. La causa de que exista esta visión, según el artículo de Ana Belén Rojo “La comunidad hacker del software libre”, se puede plantear mediante dos hipótesis: a causa de los medios de comunicación y de la comunidad (sus acciones, su entorno y su relación con el resto de la sociedad). Según la autora, los medios de comunicación, sobre todo a partir de los años ochenta del siglo XX, empezaron a hablar de los peligros que podían generar las redes de comunicación computarizadas, y de personas o grupos de estas que se dedicadas a asaltar ordenadores ajenos con la intención de utilizar la información obtenida para enriquecerse personalmente o causar daño. Recibirán el nombre de piratas informáticos, crackers o hackers, quedándose este último término como el genérico que los abarcaría a todos (Himanen, 2001:5). Las acciones, el entorno y la relación de la comunidad con el resto de la sociedad pueden ser también factores determinantes para el desconocimiento del hacker. Acciones relevantes y necesarias para la sociedad, puesto que desarrollan software y hardware, herramienta base para cualquier actividad de la sociedad informacional actual. Sin embargo, estas acciones quedan ocultas porque solo resaltan, a través de los medios de comunicación, las acciones ilícitas de los crackers y piratas informáticos, ya que el termino hacker los recogía (y recoge) a todos, de manera errónea (Rojo, 2011:19).

Inicialmente los media tradicionales conformaron la figura del científico y de la ciencia como poseedores de la verdad absoluta. Donde éstos eran los encargados de hacer llegar a la lay people o profanos el conocimiento, a partir de un modelo totalmente jerárquico (top-down) [un modelo] que abarcaría desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta los años noventa (Weingart, 1998: 870). El poder ejercido por los media en estos grupos de expertos (científicos o hackers) determinan que el público profano idealice, conforme una visión propia y se cuestione si de verdad las labores que realizan son de verdad beneficiosas para la sociedad o si por lo contrario no lo son. En muchos casos aludiendo a la moral y la ética para justificar la mala praxis o por temor de que el avance tecnológico pueda originar cambios irreparables en la sociedad.

La hipótesis de Himanen, «la génesis y desarrollo de nuestra era tecnológica se halla, al lado de los emprendedores, un grupo de expertos informáticos, autodenominados hackers (no crackers ni ciberterroristas), que han trabajado y trabajan para desarrollar Internet, el ordenador personal, así como buena parte del software utilizado (Software Libre), y que asumen unos valores de creatividad, interés social, transparencia y libre acceso, que desafían la ética protestante tal y como la expuso Max Weber; una ética basada en el trabajo, el valor del dinero, la aceptación de la rutina y la primacía del beneficio privado, animó desde sus orígenes las formaciones sociales y culturales capitalistas» (Moya, 2011:327-328), mostraría nuevamente el mismo concepto que se tenía respecto al científico, pero esta vez para los hackers. Un grupo selecto de personas capaces de realizar de manera altruista, unas labores en pos de la sociedad y del avance, sin importar las clases y sin verse influenciados por las políticas llevadas a cabo en sus países.

Respecto a los nuevos media (internet) a diferencia de los tradicionales, estarían «pensados para la comunicación unidireccional, como medios de comunicación de masas, han estado y siguen estando ligados a organizaciones piramidales, jerarquizadas de los procesos de producción, almacenamiento y circulación de información; donde, el flujo de información y opinión aparece siempre limitado y controlado: por el poder político, por las gerencias, por los consejos editoriales, o por las élites culturales» (Moya, 2011:327-328).

Sin embargo la prensa escrita, la radio y la televisión, Internet y los contenidos que circulan por ella no son medios de comunicación de masas. Es una arquitectura reticular y la diferencia con la arquitectura piramidal es esencial: las redes por su misma lógica descentralizan el flujo de información entre emisor y receptor. Son bidireccionales, interactivas. No es jerárquica ni unidireccional (Moya, 2011:329). Por lo tanto, se está mostrando el modelo M3 The co-production of knowledge que cita Michel Callon donde el conocimiento se ve compartido y producido entre los denominados expertos y la lay people (Michel Callon, 1999: 87-89).

Huelga decir que la concepción de la ética hacker es una idea un tanto utópica, ya que siempre hay una finalidad económica o al menos, la producción cultural y la innovación, quedan supeditadas a motivaciones políticas y económicas en última instancia. Del mismo modo que ocurre con el científico y la ciencia en los media. Ya que se debe tener presente, como expresa el doctor Nieto-Galan, en su obra Science in the Public Sphere, la ciencia es a menudo presentada como heroica, apolítica, e intrínsecamente que, desde su posición dominante, tiene el efecto de legitimar los intereses de los científicos profesionales y otros grupos de poder (Nieto-Galan, 2016:174).

Hasta que no se consiga una relación de igualdad mismo peso dentro de la sociedad- entre los media, los expertos y los profanos, donde cuyo interés sea el de acercar el conocimiento a todos los niveles, sin la necesidad de elevar a los grupos de expertos a categorías de seres geniales o con campañas de deslegitimación, seguirán habiendo luchas mediáticas y temores irracionales. Temores que son infundados a consecuencia de la falta de interacción entre expertos y profanos, y del interés de ciertos media por generar incertidumbre o alimentar debates en que los expertos quedan al margen.

Bibliografía:

HIMANEN, P. La ética del hacker y el espíritu de la era de la información, Alianza, Madrid, 2001 JIMÉNEZ, J. El hacker contra la universidad zombi. Lecciones para gestores, alumnos y profesores en la sociedad informacional, Madrid, 2010.
MICHEL, C. The Role of Lay People in the Production and Dissemination of Scientific Knowledge. Science Technology Society, 1999.
NIETO-GALAN, A. Science in the Public Sphere: A history of lay knowledge and expertise, Routledge, 2016.
ROJO, A.B. La comunidad hacker del software libre.Investigación y marketing, no.110, 2011, p. 18- 31.
WEINGART, P. Science and the media. Institute for Science and Technology Studies, University of Bielefeld, Postfach , Bielefeld, Germany, 1998.


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jul. 14 2017

Resistencia al cambio, algunas veces sí y otras no

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Generalmente pensamos en el avance de la ciencia y la tecnología ocurriendo de manera continua y lineal, apareciendo uno detrás de otro de manera concertada para beneficio de nuestras sociedades. Paradójicamente, ninguno de los dos avanza de tal manera, más bien es el resultado de distintos factores, y en algunas ocasiones podrían aparecer por cuestión de suerte, y no siempre con resultados positivos, siendo la causa de varios de los problemas actuales.

Algunas veces la implementación de una nueva tecnología no solo depende de sus posibles beneficios a la sociedad, sino también, aspectos económicos, políticos y sociales deben conjugarse. Herch señala, que cuando se reúnen estas condiciones, en especial las políticas, son condiciones que llegan a moldear la identidad de una nación. Muchos de los esfuerzos por generar un cierto tipo de tecnología son prácticas estratégicas para constituir o enaltecer objetivos políticos (Tecnopolítica). En este sentido los Regímenes Tecnopolíticos se constituyen por una red conectada de artefactos, conocimientos e instituciones que operan de una manera concertada hacia una serie de objetivos materiales específicos.

Por otro lado, los avances o iniciativas tecnológicas no ocurren siempre en sentido unidireccional, hacia delante, es decir son frenadas por opositores a la tecnología antes de ser materializadas. Un término utilizado para aquellos que se oponen a las nuevas tecnologías es ludita. Desde el siglo XX el ludismo se ha convertido en un calificativo para quienes se oponen a las nuevas tecnologías y auguran su derrota inevitable. Originalmente el ludismo fue utilizado para un movimiento social que se caracterizó por la oposición a la introducción de maquinaria moderna en los procesos de producción.

Hasta cierto punto es natural que entre miles de ideas e inventos generados solo algunos encuentren terreno fértil. Lo interesante es saber cómo y por qué se discrimina entre uno y otro.

 

Ludismo durante la Segunda Guerra Mundial

David Edgerton en un artículo que conmemora dos siglos de la insurrección ludita, destaca el papel de científicos luditas en el desarrollo de avances tecnológicos con fines bélicos en la Gran Bretaña. En este artículo hace notar que una oposición al cambio no siempre es producto de un pensamiento irracional, sino del cuestionamiento de los beneficios que una nueva tecnología pueda tener.

En Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial los mismos científicos actuaron como luditas frente a otros colegas ante sus ideas e inventos. El filósofo naturalista Jean Desaguliers, miembro de la Royal Society a principios del siglo XIX, trabajó para discriminar inventos, algunos de estos fueron las maquinas de movimiento perpetuo. Durante la Segunda Guerra Mundial, los científicos se involucraron activamente en la oposición a nuevas armas de guerra. En este periodo los políticos y militares británicos eran adictos a las nuevos artefactos bélicos, dominados por la idea de que con ellos podrían transformar el curso de la guerra, además de dejar ver la grandeza de una nación científica y tecnológicamente avanzada, muy por encima de sus enemigos. Churchill y su consejero el científico Frederick Lindemann, un de los científicos mas influyentes en la política británica, se mostraban entusiastas con los nuevos inventos capaces de darles ventajas en la guerra, especialmente después de la caída de Noruega y Dinamarca.

Algunos luditas importantes de la época fueron: Archibald V. Hill, el químico Henry Tizard y el físico Patrick Blackett quienes se pronunciaron en contra de los inventos y el primer ministro que los promovía. Hill se pronunció ante el parlamento diciendo “ Han habido hasta ahora , de forma mal considerada, muchos inventos, dispositivos e ideas puestas en marcha por personas con influencia en altos rangos, y por encima de las mejores consejos técnicos… Ellos le han costado al país una gran cantidad de dinero y el correspondiente esfuerzo para desarrollarlos y producirlos, en detrimento de un gasto rentable de trabajo y materiales para otro rubro”. También hizo ver que el gasto en el programa de misiles antiaéreos de la década de 1930 tuvo un coste comparable a entre 3 y 16 barcos de guerra, él lo llamo “el mayor desperdicio infernal de tiempo, esfuerzo, mano de obra y material”.

Blackett se negaba a toda esta innovación en armas argumentando “Nuevas armas para viejos” o “mejoremos el uso operacional de los equipos y métodos que ya están en uso”. Tanto Blackett como Hill fueron de los hombres que se opusieron a la construcción de la bomba atómica en Gran Bretaña. Y de hecho hicieron bien, pues la bomba atómica de EEUU tuvo un costo 50 veces mayor al calculado por los británicos. Otro proyecto al que se opusieron fue al Habakkuk, un transportador construido de hielo para barcos de guerra, el cual no pasó de la fase experimental.

En la sociedad británica el periodo de la Segunda Guerra Mundial se muestra como un capítulo de éxitos científicos: el radar, la penicilina, los puertos artificiales Mulberry y el oleoducto PLUTO que transportaba petróleo por el canal de la Mancha. Sin embargo de estos inventos solo el radar y la penicilina fueron una contribución positiva en este periodo.

 

Un ludismo más cercano en el tiempo

Hoy en día el término ludita vuelve a la sociedad civil que se ayuda de algunos científicos, o bien los científicos luditas encuentran eco en la sociedad civil. Por ejemplo, la lucha que se lleva en México contra el intento de introducir semillas de maíz transgénico en los cultivos nacionales. No solo es el desconocimiento de los efectos de una nueva biotecnología a mediano o largo plazo, también se suman aspectos culturales y económicos en contra de una decisión que más bien toma tintes político-económicos. Esta lucha, al mismo tiempo, ha obligado al sector agrícola a mejorar y diseñar nuevos métodos de cultivos, con el objetivo de debatir los argumentos que las autoridades competentes argumentan a favor de las semillas transgénicas.

Otro caso de ludismo, que no es por parte de la comunidad científica ni por la sociedad civil, es el caso del gobierno que representa el presidente de los Estados Unidos de Norte América: Donald Trump. En un tema tan complejo como lo es el Cambio Climático, en el que científicos y diferentes gobiernos concuerdan y se suman para mitigarlo, el presidente se manifiesta incrédulo y en contra de un cambio tecnopolítico hacia esta problemática. Además de los aspectos económicos, políticos y sociales que envuelven este hecho están las directrices científico- tecnológicas que deben ser evaluadas y rediseñadas para hacer frente a esta problemática mundial. Como ludita, el presidente deja de lado cualquier compromiso para desarrollar tecnologías que mitiguen el cambio climático, mismos que se sostienen por la comunidad mundial en el Acuerdo de París.

El desarrollo científico tecnológico no puede describirse de manera simple, desinteresada y basada siempre en aciertos; las dimensiones político, económico y social juegan un papel muy importante. Hacia una tecnociencia más democrática, científicos, políticos y sociedad deben jugar como luditas, pero no como simples opositores, sino como evaluadores críticos. Las repercusiones que puedan tener a corto, mediano y largo plazo los avances tecnológicos en nuestra sociedad son siempre difíciles de evaluar en términos absolutos, nunca habrá información suficiente para conocer el futuro, de tal modo que la visión desde diferentes ángulos ayudará a tomar mejores decisiones en términos de nuevas tecnologías para nuestras sociedades.

 

 

Bibliografía

Hecht, Gabrielle. Technology, politics, and national identity in France.   Technologies of power. Essays in honor of Thomas Parke Hughes and Agatha Chipley Hughes. Edited by Michael Thad Allen and Gabrielle Hecht. MIT Press 2001.

Edgerton, David. In prise of Luddism. Nature 471, 27–29, 2011.

Botello, Blanca Estela. México tiene el mejor maíz del mundo… si lo contaminamos, terminaremos vendiendo porquerías. Crónica 14 de Junio del 2017. Consultado el 14 de junio del 2017.  http://www.cronica.com.mx/notas/2017/1028646.html

Martínez Ahrens, Jan. Trump retira a EE UU del Acuerdo de París contra el cambio climático. El País, 2 de Junio del 2017. Consultado en línea el 14 de Junio del 2017

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/01/estados_unidos/1496342881_527287.html.

 


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jul. 12 2017

Existeix la Small Science?

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En l’actual context en què els grans projectes de recerca científica atreuen una part molt important dels recursos disponibles, ¿podem identificar una altra manera de fer ciència mitjançant un grup reduït de científics i amb un conjunt de recursos materials i econòmics limitats? Existeix una altra manera de fer ciència que històricament, sense desvalorar-la i en contraposició a la big science, podríem etiquetar amb el terme small science?

Una característica de la ciència del segle XX són els grans projectes de recerca internacionals que, per una banda, per ser portats a terme necessiten una quantitat extraordinària de recursos humans, materials i econòmics i, per l’altra, són capaços d’aconseguir-los. És el que coneixem com a big science, grans i costosos projectes mediàtics amb uns objectius que solen ser prefixats, sotmesos a un estricte control burocràtic i polític i que sotmeten a pressió als científics, als tècnics i a d’altres experts que hi treballen per obtenir els resultats en un plaç de temps determinat. En són exemples el CERN, que amb el seu colisionador d’hadrons que ha permès identificar el bosó de Higgs, el projecte de detecció de les ones gravitacionals, la seqüenciació del genoma humà, la capa d’ozó, el calentament global, la predicció de terratrèmols,… Inclús a casa nostra tenim el Barcelona Institute of Science and Technology que engloba sis centres de recerca especialitzats en química, biomedicina, genètica, física d’altes energies, nanociència i nanotecnologia i fotònica.

Ben aviat aparegueren crítiques i preocupacions sobre les conseqüències d’aquesta manera de dur a terme els projectes científics. En un article publicat a la revista Science, el físic Alvin Weinberg apuntà que les conseqüències potencialment negatives eren el predomini dels administradors sobre els practicants en la presa de decisions, la tendència de veure el finançament com la panacea per resoldre problemes científics i les línies progressivament borroses entre l’escriptura científica i popular per atraure el suport del públic (Weinberg, 1961). L’historiador de la ciència Derek De Solla Price n’oferí una avaluació crítica en el seu llibre Little Science, Big Science (de Solla Price, 1963), on es va dedicar a establir les magnituds quantitatives de la mida de la ciència a partir del nombre de científics i de publicacions i els recursos socials assignats a la recerca en ciència i tecnologia, i va postular que s’hauria de fer front a la inevitable la saturació de la ciència a causa del caràcter logístic del creixement exponencial de la seva mida.

En l’actualitat les crítiques se centren en la creixent hegemonia dels grans projectes de recerca científica sobre la resta, en qui i sota quins criteris n’estableix els objectius i les prioritats i en el fet que aquests criteris es basin, generalment, en indicadors quantitatius per facilitar-ne la gestió administrativa pot portar a la priorització projectes de valor científic i pràctic qüestionable. En un context on la big science rep la majoria dels recursos disponibles, posen èmfasi en la importància de poder portar a terme un altre tipus de recerca pel bé del progrés de la ciència i la tecnologia, donat que no podem preveure quins descobriments seran importants pel futur i com en seran d’útils pels avenços científics i tecnològics, on el científic tingui prou autonomia per decidir sobre la direcció de la seva recerca i pugui canviar-la si observa alguna cosa inesperada, inusual, o que, simplement, considera interessant. Es plantejen també que les prioritats científiques es defineixin dins del propi món científic, o almenys una part substancial d’elles, i quina ha de ser la proporció d’aquesta manera de fer ciència perquè el progrés de la ciència en general sigui sòlid; en aquesta línia, proposen com a una bona estratègia finançar grans projectes que generen molts projectes independents a petita escala. En són exemples els articles “The importance of ‘small’ science” de G. Brent Dalrymple (1991), “Big Science Little Science” de Petsko (2009) i “Big, small or mezzo?” de Niki Vermeulen, John N. Parker i Bart Penders (2010).

Pot ser interessant l’opinió de l’Àlvar Sanchez, director d’un petit grup de recerca sobre superconductivitat a la UAB format per cinc membres que sense un cost exorbitant i sense disposar d’equipament sofisticat han aconseguit resultats importants i de molt impacte.

L’Àlvar ens explica que la seva recerca és teòrica, considera que les aplicacions pràctiques venen amb l’èxit del seu treball. Apunta que és clau seleccionar i definir la pregunta a la que ha de donar resposta, constitueix la clau del seu objectiu i és la part de la recerca a la que solen dedicar-hi més temps, un cop aquesta està definida els resultats solen arribar ràpidament i com a conseqüència d’aquesta. De fet, moltes vegades acaben donant resposta a una pregunta diferent que la que havien plantejat inicialment, “cal saber recular quan arribes a un punt mort”, ens explica, ”si apliquem correctament el mètode científic els fracassos són realment l’incompliment de les hipòtesis, pel que també fan avançar la ciència”.

S’organitzen en petits subgrups de treball i es reuneixen com a mínim una o dues vegades per setmana per posar en comú les qüestions, que discuteixen davant d’una pissarra. Considera clau propiciar un espai que fomenti el debat, la creativitat, la inspiració, l’espontaneïtat i l’aparició de noves idees en què els membres del grup hi participin per igual, deixant apartades les jerarquies. Cal temps perquè les idees fructifiquin.

El context actual de competitivitat per aconseguir recursos, en què existeix una forta pressió perquè la recerca científica rendeixi i acompleixi els objectius pels quals ha rebut finançament en un plaç de temps determinat, contrasta amb els criteris de generositat, passió i humilitat que l’Àlvar ens explica que utilitza per seleccionar els seus col·laboradors.

Creu que la ciència que porten a terme és compatible amb la big science perquè hi ha projectes com el bosó de Higgs, les ones gravitacionals o el genoma humà que no es poden portar a terme sense una gran quantitat de recursos humans, materials i econòmics i, en canvi, d’altres avenços potser no s’haguessin produït en un context de pressió per obtenir uns resultats concrets i sense la flexibilitat de poder canviar l’objectiu de la recerca. Per altra banda, molts associen big science amb grans descobriments i small science amb altres d’una categoria inferior, però realment no és així perquè els petits grups de recerca també poden fer grans aportacions. El seu grup n’és un exemple, amb contribucions com aconseguir per primera vegada la invisibilitat dins d’un camp magnètic, del que se’n derivà un article publicat a la revista Science (“Experimental Realization of a Magnetic Cloak”, Science, 2012), o la conducció a distància d’un camp magnètic.

A partir d’aquestes experiències, segurament que n’existeixen moltes més – o això espero -, veiem que és possible fer una recerca científica de qualitat i amb resultats de primera magnitud d’una manera completament diferent a la big science, fora dels cercles de competitivitat, d’exigència de resultats en uns terminis concrets i, en definitiva, de l’estrés que envolta aquests tipus de projectes.

 

Referències:

Dalrymple, G. B. (1991). “The importance of ‘small’ science”. Eos, Transactions American Geophysical Union, 72(1), 1–4.

De Solla Price DJ (1963) Little Science, Big Science. New York, NY, USA: Columbia University Press

Petsko, G. A. (2009). “Big science, little science”. EMBO Reports, 10(12), 1282–1282.

Sanchez, A., Gomory, F., Solovyov, M., Souc, J., Navau, C., & Prat-Camps, J. (2012). “Experimental Realization of a Magnetic Cloak”. Science, 335(6075), 1466–1468.

Superconductivity Group UAB. http://grupsderecerca.uab.cat/superconductivity/content/groups-members

Vermeulen, N., Parker, J. N., & Penders, B. (2010). “Big, small or mezzo?”. EMBO Reports, 11(6), 420–423.

Weinberg AM. (1961). “Impact of large-scale science on the United States: big science is here to stay, but we have yet to make the hard financial and educational choices it imposes”. Science, 134: 161–164.


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