Science is not fun

Opinions personals de membres del CEHIC i alumnes de postgrau

Archive for maig, 2011

maig 18 2011

Almacén Temporal Centralizado, ¿Un modelo de participación?

¿Qué se puede hacer con los residuos radioactivos? En la actualidad no hay una solución a este problema y la respuesta de los países nucleares es confiar en la ciencia y esperar. Mientras llega la solución del futuro, países como Holanda o España han optado por la creación de Almacenes Temporales Centralizados (ATC) donde depositar los residuos. Esta salida “transitoria” se encuentra con el problema social que plantea la elección de una ubicación de estas plantas radiactivas.

En España el ATC parece haber encontrado su lugar: el limbo. El proceso de elección de la localidad para el ATC español finalizó el pasado mes de septiembre de 2010. En esas fechas, el Consejo de Ministros debía decidir en cuál de las localidades seleccionadas residirían los residuos nucleares de las centrales españolas durante los próximos años. Diferentes desencuentros políticos entre los miembros del gobierno y la cercanía de las elecciones autonómicas catalanas paralizó la decisión definitiva.

Hasta llegar a este momento, ¿qué participación ha tenido la ciudadanía en este proceso? El proyecto del ATC arranca en 2006 con las conclusiones de la Mesa de Diálogo sobre la Energía Nuclear organizada por el Gobierno. Sindicatos, organizaciones ecologistas y organizaciones de consumidores participaron en esta Mesa acompañados por las comisiones de Industria del Congreso y el Senado, las comunidades autónomas, cinco ministerios, el Consejo de Seguridad Nuclear, la Comisión Nacional de la Energía, la Federación Española de Municipios y Provincias, la Asociación de Municipios en Áreas de Centrales Nucleares, ENRESA y expertos en energía.  La conclusión mayoritaria fue que el ATC era la opción más adecuada para la gestión de los residuos. Los ecologistas criticarían el desequilibrio en la mesa, con mayoría de la industria, y mantendrían su rechazo al ATC. Sin embargo, la conclusión mayoritaria de la Mesa fue que el ATC era la opción más adecuada para la gestión de residuos. Después, se utilizó una metodología desarrollada en el proyecto europeo COWAM para tratar de implicar en toma de decisiones a todas las partes implicadas y llegar a una decisión consensuada. El siguiente paso fue iniciar la convocatoria pública para la selección de municipios candidatos a albergar el ATC. Finalmente se presentaron 11 candidaturas mediante acuerdo del Pleno Municipal de cada población tras el cual se abrió el trámite de alegaciones, información y participación pública.  El resto, como se suele decir, es historia.
En este recorrido se ha implicado a expertos y profanos, y los diferentes grupos de interés han participado en el debate sobre el ATC a través de las diferentes etapas informativas, consultivas y legales. Por tanto, ¿se puede concluir que es un ejemplo de participación pública de la ciencia? Podría parecer que sí, pero mirando en perspectiva el debate aparece sesgado desde el inicio en el marco de una opción determinada: la nuclear. Todo el proceso se convierte en un andamiaje para convencer al público sobre un aspecto de este sistema energético. Mientras tanto se aplaza y aleja del público el verdadero debate de fondo: ¿Qué modelo energético queremos?

Agustín López Martíne


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maig 16 2011

Ciencia, Participación y Memoria

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Desde: http://www.armhcuenca.org/exhumaciones/ucles/ucles1.JPG

El tema de la exhumación masiva de cuerpos torturados y asesinados durante la Guerra Civil y el franquismo en España es uno delicado y complejo. Por un lado, en algunos casos, no existe consenso en torno a la exhumación. Por otro lado, al mismo tiempo, el asunto ha tenido un vasto público de apoyo y colaboración.

En este asunto la participación de las ciencias, médicos forenses y sus públicos ha sido de gran relevancia. Parte de las exhumaciones de los cuerpos se ha realizado bajo la dirección del médico forense, profesor de la Universidad del País Vasco y presidente de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Francisco Etxeberria.
Aunque le dijeron “ten cuidado. No te metas en este asunto”, Etxeberría estuvo desde el año 2000 en la primera exhumación con métodos científicos en España. El inicio fue con los restos del abuelo de Emilio Silva, fundador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

El proceso metodológico de la exhumación masiva no se realizó de manera aislada entre “expertos”. Por el contrario, fue inclusivo de la voz y participación de los que a simple vista parecerían “no expertos” en medicina forense. En el proceso han participado historiadores, antropólogos culturales, antropólogos físicos, arqueólogos, psicólogos y ciudadanos de diversos trasfondos y profesiones. La forma de participación ha sido diversa, desde quienes trabajaron a pie de fosa hasta quienes lo hicieron desde la retaguardia.

Para entender la relevancia de la inclusión de estos últimos, se debe conocer que antes de iniciarse la exhumación de los cuerpos represaliados se realizan investigaciones para preparar un informe preliminar. Dicho informe debe incluir qué se sabe, qué se dice en el pueblo y dónde se encuentra la fosa, para decidir si es viable o no la exhumación. Por eso, las entrevistas son pieza clave en esta metodología. El equipo interdisciplinario de Etxeberria realizó entrevistas y grabaciones de los testigos así como de familiares de los represaliados.

Acorde con su visión y su sensibilidad humana en torno al tema, Etxebarría ha dejado claro que el trabajo se realiza cuando lo familia así lo desea. Su compromiso, desde la ciencia, con los derechos humanos, trasciende no sólo disciplinas, sino además, fronteras geográficas. Éste también colaboró con la Comisión de Derechos Humanos de Chile y el proceso de reconstrucción de la muerte de Victor Jara (asesinado bajo la dictadura chilena). De hecho Etxebarría señala que España debería mirar como ejemplo a Chile, donde, según el médico, no valen las impunidades. Así nos revela que el aprendizaje y el conocimiento no son unidireccionales, sino que circula.

Para el 2010, se habían abierto en España 230 fosas. Las Asociaciones de Familias han recuperado más de 5,200 cuerpos. Todavía quedan muchas fosas identificadas por abrir. Aunque el propio Etxebarria admite que es imposible encontrar todos los cuerpos desaparecidos, reconoce la importancia de las exhumaciones para la recuperación de la “dignidad”, refiriéndose a la memoria de las personas.

Finalmente, el caso de las exhumaciones masivas de víctimas desaparecidas revela que múltiples disciplinas intelectuales pueden complementarse de forma útil a la sociedad. De igual forma, la articulación de los ciudadanos y ciudadanas “no expertos” con los “expertos” científicos nos demuestra que una cultura científica participativa es posible.

Entrevista Los Caminos de la Memoria documental genocidio franquista

[vimeo]http://vimeo.com/11089366[/vimeo]

Referencias:
Balance de diez años de exhumaciones
Estamos recuperando dignidades
“Cuando te entregan los restos de tu familiar, el mundo cambia”
Francisco Etxeberria recibirá la medalla al mérito ciudadano de San Sebastián
Francisco Etxebarria
Entrevista a Francisco Etxebarria


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maig 06 2011

NUCLEAR? NO, GRÀCIES!

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Fa poc vaig llegir l’article “Science and Public Participation” en Modern Biology and Visions of Humanity de Massimiano Bucchi i Federico Neresini, publicat al 2004.  Entre altres moltes coses vaig llegir com els autors caracteritzen els nous moviments socials contestataris de  la “ciència oficial”. Per una banda, diuen els autors, aquests moviments tenen com enemics la “ciència oficial” i la tecnologia però per una altra banda recorren a aquestes per aconseguir els seus propis resultats. Aquests nous moviments apareixen com els portaveus de la “veritable ciència” front una comunitat científica massa compromesa amb els poders polític i econòmic i recuperen d’aquesta manera la neutralitat i la independència tant desitjades per a la ciència.

Està clar que un dels moviments socials més potent que posa en qüestió la “ciència oficial” és el que es mou al voltant de la qüestió mediambiental. A principis dels anys 70 es va configurar un fort moviment antinuclears particularment al món occidental. D’aquests anys també va ser  el naixement del grup Greenpeace. L’activitat d’aquests grups i moviments han estat  tant importants que, en gran part, han catapultat l’aparició de grups polítics amb una creixent influència dins les democràcies europees. Només cal citar  el recent triomf electoral del candidat verd front al democristià en un govern regional alemany.

I efectivament, a partir del desastre de Fukushima el tema de les centrals nuclears ha tornat a col·locar-se en primer pla. Ha tornat a guanyar plena vigència el lema que va encapçalar tots els moviments reivindicatius per un món més sostenible: “Nuclear? no gràcies!”, és a dir la ciència de la vida front la vida sota la ciència, com diuen els autors citats al principi. Els governs del món occidental s’han apressat en assegurar noves mesures de seguretat al voltant de les centrals nuclears o fins i tot en aturar futurs projectes d’ampliació o renovació d’aquestes. Pels estudiosos de la interacció ciència i els seus públics, el moviment antinuclears ha estat sempre un bon exemple de com el món profà podia arribar a influir sobre el discurs científic oficial.

Però, també, darrerament apareixien, en un diari català, després de Fukushima, les declaracions provocatives de l’escriptor ecologista britànic Mark Lynas. Segons aquest ecologista, malgrat l’accident de Fukushima, fins i tot a partir d’aquest, les centrals nuclears continuen sent un mal menor front al perill molt pitjor del carbó. Segons ell, el moviment mediambiental “oficial” no està realment preocupat pel medi ambient sinó sobre tot per mantenir una identitat que li ve de la guerra freda i del moviment per a la pau. Ell, com també els altres ecologistes, aporta tota mena de proves “rigorosament científiques” del què afirma : el perill nuclear és molt inferior que el que es pot derivar d’una política energètica basada en els hidrocarburs.

El profà de debò, el que sempre ha cregut que els governs i els seus tècnics vetllaven per la seguretat de la gent o el profà que sempre ha cregut en els verds antinuclears es troba davant el dilema de saber on és la “ciència veritable”. Ara no solament la qüestió està en recuperar la independència de la ciència que es trobava en  mans del poder dels monopolis sinó que els mateixos que l’havien rescatat d’aquelles mans no es posen d’acord. On està la solució? Caldrà buscar alguns altres experts que ens indiquin el camí? O potser haurem d’arribar a la conclusió que amb la opinió dels experts no hi ha prou i que d’alguna manera en la decisió sobre quins són els mals menors per a la humanitat la opinió de la gent del carrer és fonamental?

Joaquim Berenguer


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maig 01 2011

Observing the observer

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There is a nice saying describing the relationship between scientists and people studying scientists (STS, history of science …): “Birds don’t care what ornithologists think about them.” I cannot remember who said it but I think it was an eminent scientist in the middle of the last century. Apart from being witty this quote also reveals a clear sense of superiority and invulnerability on the part of the scientists. We may call it post-World-War-II-pride. It is my impression that in 2011 we find ourselves in a different cultural moment, although generalizations are of course always tricky. Nowadays many of the scientists follow very closely what is being said about them.

Last Friday I gave a paper on a Catalan archaeologist. I was just showing a slide with one his publications from the 1980s that included several co-authors. At this very moment three archaeologists entered the room (I had in fact invited one of them). One of the people she brought along was one the co-authors whose name was on the slide. It was a weird moment. My colleagues were not sure I had realized who had just entered the room trying to “warn” me with a written note. Well, I had realized it, and felt indeed slightly nervous, trying to choose all my words very carefully now. (One of the golden rules of anthropology is never to talk about the people you are studying in front of them.)

In the discussion that ensued I asked the archaeologists to tell us what they thought about our approach, which led to a lively (and very amicable) exchange. And the archaeologist in question pointedly noted: “We are the observed but we are also observing the observers.”


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