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Opinions personals de membres del CEHIC i alumnes de postgrau

abr. 27 2011

Installfest: bits, política y cerveza

Publicat a Postgrau |

Es martes por la tarde y hay fiesta en la universidad. Docenas de jóvenes (y no tanto) conversan en los pasillos, ríen y toman litros de café. La atmósfera es informal y relajada. En la camiseta de un chico se lee: Hiroshima 45, Chernobyl 86, Windows 97. Un grupo de unos veinte rodea a un muchachito de rizos largos, parecido a Froddo. Cada dos o tres minutos, ríen. El  hobbit de rizos está tipeando a toda velocidad en un viejo tecleado. De repente, todos aplauden. Alguien silba. “Froddo” ha completado un “sortilegio” que amenaza ser más poderoso que el mismísimo anillo: un nuevo ordenador ha sido “liberado del peso del software propietario”, al serle instalada una distribución de Linux.

Estamos en una Installfest: una reunión abierta (en todo sentido) convocada por un grupo de usuarios de software libre, destinada a instalar ese tipo de software en los ordenadores de quienes así lo deseen. Pero también es un espacio de construcción de identidad comunitaria. O, lo que es lo mismo: ¡una fiesta!

Y aunque este relato corresponde a una Installfest realizada en Argentina, en 2009, podría haber sucedido en muchos otros rincones del planeta durante la última década. Las Installfests vienen desarrollándose desde 1998, en diversos lugares y promovidas por distintos grupos de usuarios de software libre (en especial de Linux). Pero también algunas empresas de software propietario han aplicado la idea (¡y sin pagar copyright!).

¿Software libre? ¿Software propietario? Antes de seguir de fiesta quizás sea bueno consultar la Wikipedia . Esa consulta tiene sentido ya que la propia comunidad free software la cita como referente cuando de autodefinirse se trata. Tal vez porque tienen en común el espíritu abierto y colaborativo: quien quiera puede editar la Wikipedia o modificar el código de un programa libre. Aunque el movimiento Free Software es mucho más que eso…

Según Wikipedia, un programa informático pertenece a la categoría software libre si da al usuario la libertad de ejecutarlo como quiera, modificarlo, distribuirlo, y distribuir esas modificaciones. Para el ejercicio de esas cuatro libertades es condición necesaria poder acceder al código fuente.

El código fuente de un programa es el texto con las instrucciones que debe seguir el ordenador para ejecutar ese progama. La versión inglesa de esa expresión (open source) da nombre a otro movimiento promotor del software generado bajo esas cuatro libertades. Pero existe una diferencia esencial entre los movimientos Open Source y Free Software.  El primero apoya el desarrollo de este tipo de software argumentando, pragmáticamente, que bajo estas libertades se desarrollará más y mejor software. En cambio, el movimiento Free Software se funda en la afirmación, de carácter moral, de que este tipo de software es el único que garantiza y promueve el ejercicio de nuestra libertad.

En verde, la motivación del movimiento free software; en azul, la del open source.

Quizás por eso sea el movimiento Free Software el que tiene más llegada entre los jóvenes de esta Installfest. Un chico en shorts y una chica de cabello larguísimo conversan acerca de unos íconos… Una de las limitaciones que se le ha achacado al software libre es ser poco amigable con el usuario “profano”. Aunque muchos consideran solucionada esa cuestión, superarla es otra de las razones de eventos como la Installfest: que los “expertos” (los programadores) aprendan de su “público” cuáles aspectos mejorar para lograr  software más user friendly.

Pero los “profanos” también tienen voz en los muchos debates (formales y no tanto) que se generan en la fiesta, entre sánguches, cafés y chistes sobre Bill Gates: ¿cómo concientizar sobre los peligros del voto electrónico?, ¿cómo lograr que el poder legislativo avance en el proyecto de ley orientado a migrar (de propietario a libre) todo el software del estado?

A medida que los sánguches se acaban y el café se enfría, las fronteras entre “expertos” y “públicos” se vuelven aún más difusas. Anochece y alguien propone un bar para continuar la fiesta. El tono y los temas serán los mismos, sólo el café “migrará” a cerveza. Al bar irán los programadores, pero también muchos otros asistentes a la fiesta: diseñadores gráficos, traductores, abogados, periodistas… Aunque no generen líneas de código, el software libre no podría ser desarrollado ni el movimiento tendría sentido sin su apoyo. Y sin entusiastas de todo tipo que colaboran en algo que saben hacer muy bien: participar.


Aquesta entrada es va publicar el dimecres, 27 abril, 2011 a les 19:07 i s'ha arxivat a Postgrau. Pots seguir qualsevol de les respostes d'aquesta entrada mitjançant el canal d'informació . Pots deixar una resposta o posar un retroenllaç des del teu web.

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