Science is not fun

Opinions personals de membres del CEHIC i alumnes de postgrau

maig 21 2010

Los expertos no sólo se hacen en la Universidad

Posted in Public Participation |

Refiriéndonos a las naciones industrializadas, ya en la década de 1970 podríamos encontrarnos con experiencias de participación ciudadana en ciencia y tecnología, pero sólo a partir de 1990 éstas adquirieron mayor importancia en la formulación de la política científica y en el proceso de investigación. La consecución de este reconocimiento por parte del público como un interlocutor legitimo en la ciencia no ha sido fácil, e incluso ahora podemos encontrar un gran sector de científicos escépticos ante cualquier posibilidad de participación activa de la sociedad civil. En el tercer mundo (ahora llamados países en desarrollo) donde las condiciones de educación y cultura cívica de la población son más precarias están aún muy lejos de alcanzar un mínimo acercamiento de la ciencia y la tecnología a las necesidades de la sociedad.

Gustavo Corral

Me parece que este escepticismo de la comunidad científica únicamente refleja su temor a perder la autoridad que ha ganado a lo largo de la historia, este sector no puede concebir a la participación del público como un complemento al conocimiento que ellos puedan generar y a sus prácticas. Sin embargo, pronto deberán aceptar que esta nueva dinámica de la “Ciencia en Sociedad” ha reemplazado a la de “Ciencia y Sociedad” y que ahora en lugar de asumir ignorancia e indiferencia del público tendrán que tomar en cuenta los valores y actitudes del mismo y desarrollar conjuntamente un constante diálogo, o mejor dicho un debate real.

En mi opinión, la relación ciencia-sociedad no sólo es benéfica, sino necesaria como contrapeso a la influencia que la industria y el Estado han ejercido sobre la ciencia a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, de ahí la importancia de que en este diálogo se discuta sobre los diferentes valores, visiones y los intereses creados del desarrollo científico y tecnológico, Ya no basta entonces con que los “expertos” esbocen las preguntas que se deberían responder a lo largo de esta discusión con la sociedad, ahora este “público profano” debe ayudar a decidir que cuestiones se deben explorar y la forma en que éstas han de enfocarse y así evitar la “privatización” del conocimiento.

De hecho, el argumento fuerte de esta distinción entre experto y no experto ya no pueden ser las acreditaciones profesionales que proporciona un título universitario o un postgrado, pues debemos comenzar a reivindicar el valor de la experiencia real. Justamente, es esta “experticia por la experiencia” la que la comunidad científica debe saber aprovechar, complementando el conocimiento adquirido por un “profesional” después de años en la Universidad o en un instituto de investigación, con este otro conocimiento de primera mano o en carne propia que llega a proporcionar una labor de activista en un grupo de pacientes o toda una vida como granjero (me refiero al caso presentado por Brian Wynne de los granjeros de Cumbria que sostienen un debate con oficiales del gobierno británico en relación a la verdadera fuente de contaminación radioactiva en la zona).

Como decía al comienzo de esta entrada, en el tercer mundo esta participación ciudadana en la ciencia como una realidad es aún complicada, sin embargo, ya existen pequeños intentos por establecer este diálogo multidireccional y un ejemplo que se me ocurre ahora es el rol intensamente activo que en México han adquirido la sociedad civil, comenzando con los campesinos y diversas Organizaciones No Gubernamentales del país en relación al maíz transgénico producido por Monsanto y que la Secretaría de Salud (SSA) aprobó para consumo humano desde 2003. No se trata de un debate basado en los prejuicios hacia las grandes corporaciones, se trata de que México es el centro del origen del maíz y los mexicanos consumen este grano masivamente, aún más que el trigo en España. Esta lucha por una regulación ética y jurídica sobre ingeniería genética en México dio lugar entre otras cosas a la formación de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad que entre los múltiples puntos de su manifiesto sostiene que debe propiciarse el desarrollo social del conocimiento científico y tecnológico, y valorar apropiadamente los conocimientos tradicionales que muchas veces son producto de prácticas milenarias.

Links de referencia:

Artículo de La Jornada (11/06/2005): Las ratas de Monsanto http://www.jornada.unam.mx/2005/06/11/044a1soc.php

Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedadhttp://www.unionccs.net/


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