El enigma de la vida

El enigma de la vida queda resulto.

Han hecho falta nueve años para descifrar qué sucede cuando se encuentra un espermatozoide y un óvulo; nueve años que comenzaron en 2005, cuando un grupo de investigadores japoneses identificó en los espermatozoides una proteína que actúa como llave para abrirse paso hacia el óvulo. La llamaron Izumo , por el santuario japonés vinculado al matrimonio.

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Pues bien, ahora científicos del Wellcome Trust Sanger Insitute, en Reino unido, han dado con la “cerradura”. Se trata de un receptor hallado en la superficie del óvulo al que han bautizado Juno, diosa de la maternidad en la mitología romana. Según la investigación, cuando el óvulo y el espermatozoide se fusionan, el primero cierra el paso a nuevos gametos masculinos y con ello a posibles lesiones cromosómicas. El descubrimiento, observado en ratones, abre el paso a futuros métodos anticonceptivos y tratamientos de fertilidad en seres humanos.

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