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Des 24 2009

De nuevo sobre el efecto reflejo de las competencias exclusivas

Gracias al imprescindible blog de Federico Garau acabo de leer el Informe Explicativo del Convenio de Lugano que ha elaborado el profesor Fausto Pocar con motivo de la reforma del texto original del mencionado Convenio. Me ha llamado especialmente la atención en dicho Informe la referencia que se hace al tema del efecto reflejo de las competencias exclusivas, y me llama la atención porque me resulta sorprendente que veinte años después de la negociación del Convenio de Lugano se sigan desconociendo los trabajos preparatorios del mismo, trabajos cuya consulta resulta aconsejable si lo que se quiere es interpretar la famosa frase del Informe Jenard/Möller al Convenio de Lugano de 1988 que tanto ha sido citada como argumento en contra del efecto reflejo de las competencias exclusivas. Me explico.Desde el mismo momento en el que entró en vigor el Convenio de Bruselas de 27 de septiembre de 1968 se discutió sobre el tratamiento que debía darse a aquellos supuestos en los que el criterio de competencia del art. 16 del mencionado Convenio (competencias exclusivas) conducía a un Estado no parte del Convenio. La literalidad del Convenio parecía conducir en tales casos a la competencia de los tribunales del Estado parte del domicilio del demandado, sin que dicha competencia pudiera ser descartada por la circunstancia de que, quizás, los tribunales del Estado extranjero en el que se concretaba la conexión del art. 16 gozasen de competencia exclusiva para conocer de acuerdo con su propio Derecho.Frente a esta interpretación literal del Convenio se sostuvo que las competencias exclusivas del art. 16 desplegaban un “efecto reflejo”. De acuerdo con este efecto reflejo la competencia de los tribunales del Estado del domicilio del demandado debía descartarse o, al menos, dejaba de ser obligatoria.En esta situación de duda estábamos cuando en el Informe Jenard/Möller al Convenio de Lugano de 1988 se indicó que el artículo 16, apartado 1, del Convenio de 1988 únicamente se aplica si el bien está situado en el territorio de un Estado contratante. Si el bien está situado en un Estado no vinculado por el Convenio, las demás disposiciones del Convenio se aplican. Esta frase ha sido interpretada como un rechazo a la doctrina del efecto reflejo de las competencias exclusivas; y así lo recoge también el Informe Explicativo al Convenio de Lugano de 2007 (vid. núm. 93). Lo cierto es, sin embargo, que este inciso del Informe Jenard/Möller nada tiene que ver con el efecto reflejo de las competencias exclusivas, tal como intentaré demostrar a continuación.Para empezar, quiero llamar la atención sobre la circunstancia de que la frase se refiere únicamente a las competencias exclusivas en materia de derechos reales y arrendamientos de bienes inmuebles (art. 16.1 del Convenio de Bruselas y del Convenio de Lugano de 1988; art. 22.1 del Reglamento 44/2001 y del Convenio de Lugano de 2007) ¿por qué si se trataba de negar el efecto reflejo de las competencias exclusivas la aclaración se refiere únicamente a una de las materias que integran tales competencias? ¿quiere decir esto que en el resto de materias -validez o nulidad de sociedades, validez o nulidad de patentes, inscripciones en registros, etc.- sí que juega el efecto reflejo? La respuesta es que, como digo, la aclaración del Informe no tiene que ver con el efecto reflejo de las competencias exclusivas, sino con otro problema que surgió durante la negociación del Convenio de Lugano, problema del que me ocuparé a continuación.Si se consultan los trabajos preparatorios del Convenio de Lugano, publicados en Zúrich en el año 1991 se comprobará que el origen de la aclaración sobre el alcance del art. 16.1 del Convenio tiene su origen en una preocupación planteada por la delegación británica. Los representantes del Reino Unido mostraron su preocupación por el hecho de que en el Convenio de Lugano se introducía la competencia exclusiva de los tribunales del domicilio del demandado en determinados supuestos de litigios relativos a arrendamientos de bienes inmuebles. Este criterio competencial suponía una novedad respecto al Convenio de Bruselas, que solamente recogía la competencia exclusiva de los tribunales del lugar de situación del inmueble en materia de litigios sobre arrendamientos de bienes inmuebles.Lo que preocupaba a la delegación del Reino Unido era el supuesto en el que el bien inmueble estuviera situado en un tercer Estado (Estados Unidos, por ejemplo) y el domicilio del demandado estuviera situado en un Estado parte del Convenio de Lugano (Francia, por ejemplo). Los británicos temían que se interpretara que en un supuesto como éste los tribunales franceses gozaban de competencia exclusiva, lo que podría implicar que no pudiera ser reconocida en el Reino Unido una sentencia dictada en Estados Unidos, al vulnerar dicha sentencia una competencia exclusiva de un Estado parte.Para evitar esta desazón británica se introduce la aclaración que comento en el Informe Jenard/Möller. El sentido de ésta es dejar claro que en los supuestos en los que el inmueble se encuentra en un tercer Estado no podría entenderse que los tribunales del Estado del domicilio del demandado asumían competencia exclusiva en materia de arrendamiento de bienes inmuebles. Lo que pedían los británicos -y a lo que responde el Informe Explicativo- es que se aclarara que la competencia exclusiva prevista en el Convenio no opera cuando el inmueble se encuentra en un Estado tercero. Es por eso por lo que, casi con desgana (pues el resto de Estados no acababan de entender las razones de la preocupación británica), en el Informe se indica que, pese a que del tenor del Convenio ya se desprende esta conclusión, se aclara que la competencia exclusiva del 16.1 solamente opera cuando el inmueble se encuentra en un Estado miembro. Si se estuviera tratando del tema del efecto reflejo de las competencias exclusivas no tendría sentido ni reducir la explicación al primer apartado del art. 16 ni añadir que el texto del Convenio ya lo deja suficientemente claro, puesto que el problema que plantean las competencias exclusivas de Estados terceros es, precisamente, su falta de regulación en el Convenio.Es cierto que la frase del Informe Jenard/Möller puede dar lugar a dudas (y prueba de ello es la utilización que se ha hecho de la misma en los últimos veinte años); pero creo que el dato de que se refiere únicamente al art. 16.1 del Convenio (y no a todas las competencias exclusivas) debería, al menos, despertar alguna sospecha. Y una vez despertada la sospecha, la consulta de los trabajos preparatorios del Convenio de Lugano, que son públicos y están publicados, conduciría sin grandes dificultades a la correcta interpretación de dicho inciso.Rafael Arenas


This entry was posted on Dijous, 24 Desembre, 2009 at 0:11 and is filed under Bruselas I, Convenio de Lugano. You can follow any responses to this entry through the feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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