Especulación: primera réplica.

(En el apartado de Comentarios puede verse la primera contestación del profesor Cocciolo a la polémica ya iniciada).

 

 1.-Decía Vargas Llosa que a él le gustaban las polémicas, pero que jamás había visto que una parte fuera convencida por la otra. Intentaré no comportarme de este modo y me meteré, en buena lid, a hacerle cosquillas al colega Endrius Cocciolo, desde el pleno respeto a su magisterio en Derecho Público de la regulación económica.

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Por otra lado, ya reconozco mi dilatada ignorancia en economía (y en casi todo) y pido a los economistas (hoy hay muchos) su sabio consejo. Después de saludar a la plaza, dejo pasar el cabestro de Gekko (con quien, por cierto, no me identifico) y pongo el capote ante el morlaco.

   2.-La contestación de E. Cocciolo tiene dos partes:

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a)En la segunda mitad, se admite que la especulación “cumple una función importante en el mercado” y que, por tanto, es útil en muchos casos. Sólo con esto, ya se enfrían muchos ímpetus y calenturas de los reguladores y, por tanto, ya me siento más tranquilo.

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b) En la primera parte, se intenta una distinción entre “inversiones especulativas” (rechazables) y “legítimas expectativas lucrativas” (admisibles). Transcribo el párrafo central (las negritas son mías):

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   “La primera cosa que hay que hacer es entender de qué estamos hablando, ¿qué es la especulación? La especulación se define como el conjunto de operaciones comerciales o financieras destinadas a obtener un beneficio económico, basándonos exclusivamente en las variaciones de precios en el tiempo. Sin embargo, para no confundir la especulación con cualquier inversión, es necesario, añadir otra caracterización a la definición, esto es, que las inversiones especulativas se realizan sin tener ningún tipo de control sobre la gestión de los activos en los que se realiza la inversión. Por lo que el especulador no produce y no gestiona el objeto de la especulación. Una primera conclusión podría ser pues que no podemos por lo tanto confundir la especulación con la legitima expectativa lucrativa del productor o prestador de un bien y servicio.”

    3.-A mi entender, este planteamiento es erróneo, ya que el especuladorproduce ygestiona el objeto de la especulación. En concreto, maneja un elemento importante del producto o del servicio: el tiempo (principalmente, el momento de consumo del bien o de recepción del servicio).

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   El tiempo es, en efecto, un aspecto relevante del bien ofrecido al mercado. No es  lo mismo un cafetito caliente a las nueve de la mañana que a las dos del mediodía. No es lo mismo una pera en las afueras de Lérida recogida a media tarde que la misma pera en La Boquería a las diez de la mañana, cortejada por una  explosión de frutas tropicales. El director del banco es un pesado el día 2, pero es un tipo muy simpático el día 30, justo cuando me firma la póliza para que pague a mis trabajadores (o a mis funcionarios, si me convierto en el mismísimo Reino de España).

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El especulador suministra al mercado el producto justamente cuando aquél lo necesita y cuando el comprador está excitado y dispuesto, incluso, a pagar precios altísimos en comparación con otros momentos grises y anodinos.

 

 

 

Quant a Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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Una resposta a Especulación: primera réplica.

  1. Joan Amenós Álamo diu:

    •Primera réplica del profesor Cocciolo:

    Group: Regulación, Administración y Derecho Público (RADP)
    • Discussion: http://blogs.uab.cat/actualitatjuridicaamenos/2011/12/04/la-especulacion-no-es-reprochable-ni-desde-el-ambito-economico-ni-desde-el-moral-ni-desde-e
    Quisiera agradecer el Prof. Joan Amenós, amigo y compañero, por su aportación al debate. Personalmente no concuerdo con sus argumentos, pues intentaré rebatirlos por partes y sin pretensión de ser exhaustivo, ya que el tema es de extraordinaria complejidad.El prof. Amenós interviene ex profeso en forma polémica y casi en versión Gordon Gekko diciéndonos: “greed is good, greed works” (os dejo el lino del celebre discurso de Gekko en la película Wallstreet, http://www.youtube.com/watch?v=EQeXEZCkyEM&feature=related ). Muy bien, hay que reconocer de entrada el manejo de los instrumentos dialéctico en los argumentos del prof. Amenós. Para confutar la tesis inicial – que podría sintetizarse en “la crisis de la deuda soberana es culpa de la especulación” – el prof. Amenós usa el instrumento de la “confutación ad rem”, es decir pretende demonstrar que la tesis no coincide con la naturaleza de las cosas, con la verdad, y por ende afirma que la especulación no es reprochable sino que es una conducta natural y necesaria. La primera cosa que hay que hacer es enteder de qué estamos hablando, ¿qué es la especulación? La especulación se define como el conjunto de operaciones comerciales o financieras destinadas a obtener un beneficio económico, basándonos exclusivamente en las variaciones de precios en el tiempo. Sin embargo, para no confundir la especulación con cualquier inversión, es necesario, añadir otra caracterización a la definición, esto es, que las inversiones especulativas se realizan sin tener ningún tipo de control sobre la gestión de los activos en los que se realiza la inversión. Por lo que el especulador no produce y no gestiona el objeto de la especulación. Una primera conclusión podría ser pues que no podemos por lo tanto confundir la especulación con la legitima expectativa lucrativa del productor o prestador de un bien y servicio. Para seguir discrepando con los argumentos del prof. Amenós es necesario, sin embargo, coincidir en que la especulación cumple una función importante en el mercado: es impensable un sistema económico que elimine la especulación dado que la asunción del riesgo no puede ser distribuida por igual entre los agentes que intervienen con distinta capacidad económica; por ejemplo, si un año, la climatología ha sido adversa y se requieren nuevas zonas para realizar cultivos que nunca se han llevado a cabo, es posible que el agricultor no quiera o no pueda asumir el riesgo por el cultivo, pero vender anticipadamente la cosecha a un fondo de inversión puede ser una forma de solucionar el problema, afectando directamente al precio de la materia prima en el mercado dado que se transfiere la capacidad negociadora del precio al inversor que financia la cosecha. Sin la actividad del inversor/especulador posiblemente no tendríamos la materia prima. próximamente seguiré rebatiendo a los argumentos del amigo Joan Amenós.

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