Imatges del Dret: la mort de Paquirri (i II).

1.- La STC 231/1988, de 2 de desembre, inclou un vot particular dels Magistrats Srs. García-Mon y González-Regueral, De la Vega Benayas. Aquesta posició parteix de la tesi de que el demandant sol·licitava en realitat una adequada compensació per la distribució de la imatge d’un membre de la família. Però, afegia que no estava afectat el dret constitucional a la intimitat.

2.- Així, el punt de partida inicial és aquest:

– “Entendemos que no corresponde al ámbito constitucional el problema relativo a los posibles derechos patrimoniales que, para los herederos de la víctima, puedan derivar de la comercialización de aquella noticia mediante su inserción en el montaje de un vídeo en el que, como una parte de la vida del torero, se reproducen los momentos anteriores a su muerte, que es a lo que se reduce el derecho de la recurrente, dado que, como creemos, el recurso planteado carece de contenido o dimensión estrictamente constitucional.”

– “Opinamos que la información del suceso tal y como fue difundida por TVE -primero como noticia en los telediarios y, días después, en el programa “Informe Semanal”-, no entraña infracción alguna del artículo 18.1 CE, ni de la protección que a ese derecho otorga el artículo 20.4. La profesión de la víctima, el riesgo inherente a su ejercicio y el carácter público del espectáculo, legitiman aquella información.”

3.- Però, potser el més interessant és la consideració de que la mort a la plaça no afecta la dignitat del torero. És a dir, els magistrats donen entrada a la seva reflexió a una argumentació que topa frontalment contra les pautes culturals de la modernitat i, per aquest motiu, m’ha semblat interessant la seva transcripció:

“Esto es precisamente lo que ha tenido en cuenta el Tribunal Supremo al excluir el hecho del concepto de intromisión ilegítima -autorizado por el artículo 8 L.O. 1/1982-, es decir, la realidad social que, guste o no, ampara y patrocina la fiesta de los toros, realidad que obliga a calificar como “normal” incluso la contemplación de las heridas y muerte del protagonista humano de la fiesta por parte del público, así como, desde la psicosociología del torero, la eliminación en él de toda idea de desconsideración o indignidad por su “cogida” y consecuencias. En todo caso hay que tener en cuenta, por lo demás, que, aunque sea cierto que la enfermería de la plaza no es un lugar público, lo es también que la filmación comienza con la cogida, sigue con su traslado a la enfermería, toma las escenas de la primera cura y allí se corta, al ordenarse la retirada de todos.

No hay intromisión, sino secuencia, permisible por lógica y por costumbre taurina, aparte del ejercicio del derecho de información, que la Constitución también ampara -artículo 20.1.d)- y que en el caso elimina por prevalencia el alegado derecho a la intimidad familiar.

No se puede, pues, desconectar, tan radicalmente como lo hace la mayoría, la escena filmada de la cura de urgencia con el espectáculo en sí de la fiesta, con sus actos anteriores, que en realidad formaron un todo que justificaba la información no intromisiva.”

Quant a Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
Aquesta entrada s'ha publicat dins de Imatges del Dret i etiquetada amb , . Afegiu a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *

Si us plau, demostra que no ets un robot * Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.